miércoles, 11 de mayo de 2016

POR TIERRAS DE GABRIEL MIRÓ, por Ramón Fernández Palmeral





      POR TIERRAS DE GABRIEL MIRÓ





















                                              Varios autores

                                           Edición sin ánimo de lucro
   



                                                Introducción

    Pretendo hacer un recorrido por tierras de Alicante siguiendo los pasos de Gabriel Miró. Este trabajo no está completo. Es una edición educativa sin ánimo de lucro.

     Esta primera parte estudiaremos el Alicante mironiano de La Marina Alta por donde vivió, escribió y viajó Gabriel Miró (19-1931), casi 80 años después de su muerte. Dejaremos Orihuela (su Oleza) para una II parte.

       Es posible que para apreciar el arte literario de Gabriel Miró, y entenderlo en su circunstancia temporal y en su contexto estético, pudiera ser lo más adecuado atender ante todo al género literario que cultivó de manera eminente ; porque se da la paradoja de considerar como “anomalía” en la literatura española un tipo de novela que, si contemplamos el panorama de la literatura europea en el primer tercio del siglo XX, entenderemos como normal : es el tipo de novela que alcanza la altura de su tiempo. El lugar de Miró no se encuentra definido con claridad en el tipo de periodización y clasificación generacional ya obsoleta, ni tampoco entre los modernistas, si entendemos esta tendencia en el sentido convencional de hace treinta años ; pero ocupa un lugar coherente si lo contemplamos situado entre Marcel Proust, Virginia Woolf, James Joyce, Alain Fournier, André Gide..., y esto no es una novedad. (Gabriel Miró y la novela moderna, Miguel Ángel Lozano, Mundo Cultural Hispano , 7 abril 2007))

   No tuvo Gabriel Miró demasiados amigos, según Vicente Ramos (biógrafo  de Miró). Su carácter era el de un hombre introvertido, sereno, contemplativo, serio. Pero se conoce su afinidad con Óscar Esplá, con Francisco Figueras Pacheco, con los que se reunían en la Zapatería de los hermanos Senabre. Seguramente le atraía más la contemplación del mar, el paseo por el campo, la charla con la gente sencilla de Polop, de La Nucía, de Parcent… (Vicente Ramos habla de Gabriel Miró, Mati Bautista)


  En 1921, manifiesta, a este respecto, que siente el más grande y doloroso desencanto de su vida y, en busca de la curación de su hija Clemencia, inicia sus veraneos en Polop de la Marina. Al año siguiente opta, sin éxito, por segunda vez al premio Fastenrath de la Real Academia Española, con su novela Nuestro Padre San Daniel ; en esta ocasión, los sectores reaccionarios llevaron a cabo una sucia campaña de desprestigio y enviaron a los integrantes del jurado los recortes de los periódicos en los que se le atacaba por sus Figuras de la Pasión del Señor. (Manuel Parra)




                  BUSCANDO A GABRIEL MIRÓ POR LA MARINA ALTA

    Para conmemorar los 90 años de la publicación de AÑOS Y LEGUAS, de nuestro Gabriel Miró (1879-1930). Nada mejor como buscarle por La Marina Alta alicantina y nada mejor como seguir la ruta mironiana en su libro AÑOS Y LEGUAS  publicado en Madrid 1928, y escrito en Polop de La Marina.
Hemos de tener en cuenta que se trata de una suma de "estampas y artículos" no una novela al estilo clásico: presentación nudo y desenlace. Es como una colección de artículos que han quedado en el cajón, escritos independientes que se iniciaron y se abandonaron, aunque como dice  Mariano Baquero tiene unidad porque tiene al mismo protagonista: Sigüenza. De haber sido una primera novela no se la hubiera publicado nadie.
    A la vez es una novela dura de desenredar, porque no tiene nada que desenredar, y uno se rompe la cabeza buscando el hilo, si es que buscamos una novela convencional de género con argumento y personajes. La  novela modernista es una novela "de personaje" y no "de personajes" se ha de identificado por evitar la acción,  el argumental, y ha apostado por la expresión de los sentimientos e ideas del protagonista o protagonistas, que  definen un mundo propio, se caracteriza un lenguaje innovador,  poético, reforzado y enriqueciendo la expresividad con uso abundante de arcaísmo.  Este tipo de novelas, como conciencia, da cuenta de una realidad conceptual, un mundo sugerido que da cuenta del estado de un determinado estado del hombre. A través del lenguaje crea una conciencia y una estética. Por ello “Años y leguas”, es una novela modernista al estilo de “La Voluntad” de Azorín 1902, que es uno de lo precursores de este estilo moderno, no generacional, sino innovador, con parangón en el estilo de Proust o Virginia Wolf.
    Nos encontramos ante una novela modernista de las que, según lo críticos son una forma de vanguardias, no se sabe muy bien por donde empieza, sino que hay que leerla varias veces para después sacar tus propias conclusiones. El argumento es simple: Veinte años después de la visita de Sigüenza, al pueblo alicantino de Parcent -"Del vivir"- 1904), vuelve a los mismo lugares para buscar o percibir aquellos ecos, amores y recuerdos de su pasado, pero esta vez su centro de operaciones en Polop de la Marina. No existe un hilo argumental, no sucede nada extraordinario, sino que son vivencias, y añadidos como "Huerto de Cruces" que es de 1925. Este estilo podría considerarse como un "diario-novela", donde hay que leer lento, pararse en cada detalle, en cada flor en cada geranio, albahaca o mirto, o en la metáforas del agua "lumbre de la fuente" (pg.95).

   El ejemplar de "Años y Leguas" que he utilizado es la edición de Biblioteca Básica de 1970. El libro se divide en 17 capítulos, que en el libro no están numerados, a saber:

Prólogo de Mariano Baquero Goyanes.
 1.-La llegada………………………………
    1.2.- El beso de la moneda…………
2.-Pueblo, parral, perfección…………………
3.- Tocan a muerto……………………………
4.- Doña Elisa y la Eternidad……………
5.-Gitanos……………………………………………
6.-El Señor Vicario y Manihuel…………
7.-Huerto de Cruces……………………
8.-Benidorm, un extranjero, Callosa de Ensarría…
9.-Sábado de luna………………………………………
10.-Ochocentistas……………………………………
    10.1. Lectura y corro………………………………
    10.2.-Los bravos “Roders”……………………
    10.3.-Grandes señores………………………………
11.-Agua de pueblo…………………………………
11.1.- El cantarero y la fuente…………………
11.2.- Leyenda……………………………………………
11.3.- Realidad…………………………………………
12.-Caminos y lugares…………………………
  12.1.- Bolulla…………………………………………
  12.2.- Tárbena………………………………………
  12.3.- Ecos y Vírgenes…………………
  12.4.- Toponimia………………………………………
  12.5.- Sigüenza y Sigüenza……………
13.-El lugar hallado……………………………………
14.-Una familia de luto……………………………
15.-Bardells y la familia de luto………………
15.1.- Barranco Ifach……………………………
   15.2- Calpe, Excursionismo………………………
16.-Agustina y Tabalet……………………………
    16.1. La tarde………………………………….
    16.-2.San Francisco, el Señor y Agustina………
    16.3.- Poco a Poco se quedó sorda…………….
    16.4.- La besana…………………………
    16.5.- Tabalet……………………………..
17.-Imágenes de Aitana……………
    17.1-Sigüenza y el……………
     17.2.-Sigüenza y el paraíso………….
      17.3.-Después del paraíso……………..
     17.4.-Sigüenza y otros………………….
18.-Sigüenza, incendio y término.



         CAPITULO I.- LAS RUTAS DE GABRIEL MIRÓ
    La llamada "Ruta de Gabriel Miró por la Marina Alta", se recoge en los capítulos: 11 "Agua de pueblo"; 13 El lugar hallado [Chirles]; 15 "Bardells y la familia de luto"; 17 Imágenes de Aitana; el resto de los capítulos se sitúan en Polop y también existen evocaciones aislada y repetidas de Alicante, Ibi, Tibi, Famorca, Benisa, Jávea, Agres, Ondara, Puigcampana, Monte Ponoch o León dormido, sierra de Bernia. La ruta podemos dividirla en tres viajes que recorrió Sigüenza en automóvil. La primera partiendo desde Polop, Callosa de Ensarría, Bolulla, Tárbena, Parcent, Alcalalí y regreso a Polop. La segunda de Polop a Calpe y peñón de Ifach, en un viaje  con el señor Bardells, en un cochecito amarillo (tracción animal tirado por una yegua)  "Le cogió las riendas a Sigüenza y se despertó la yegua con un brinco jovial de campanilla(pág. 123). El tercer viaje desde Polop, Guadalest, Benimantel, Beniardá, Benifatos, Confrides y la sierra de Aitana.

    Los día 20 a 25 de junio de 2008, los dediqué a viajar y a descifrar la supuesta ruta mironiana por la Marina. Me leí con cierta dificultad la novela modernista "Años y Leguas", una novela sin acción, lenta, dura, saltamontes. Sigüenza es el personaje, está narrada en tercera persona, un Sigüenza que es el doble literario del propio Miró, un personaje que aparece por primera vez  1904 "Del Vivir".
La ruta la hice en varios días. Día primero: Alicante, Finestrat y Benidorm Hotel Bali. Segundo día, Benidorm, La Nucía, Polop, Chirle, Guadalet, Aitana. Tercerd día segundo: Benidorm, Polop, Bolulla, El Algar, Tárbena, Coll de Rates, Parcent, Alcalali, Xaló, Lliber, Benissa, Calpe. Saqué fotografía, levanté planos y leí sin parar "Años y Leguas", tratando de imponer un orden en los lugares toponímicos mencionados en la novela. Arduo trabajo cuando se trata de leer a Miró y su estilo “sigüenzano” según Vicente Ramos, su más fiel de los biógrafos. Es un libro para no tener prisas, para recrearse en la toponimia, en los colores, en los aromas, los olores, el agua y lasw leyendas. La hipersensibilidad de Miró consiste en ser capaz de captar imágenes, esencias, mundo estéticos que se nos escapan al resto de los mortales. Y tener cuidado con algunos topónimos que no se hallan en la zona visitada, como  es el caso de Agres, nombrado en la página 108 como situado en la zona del valle de Jalón, cuando en realidad está cerca del Alcoy. Este Agres, umbrío y ermitaño podría ser la localidad de Llibert.
      Busqué en Internet, encontré un comentario en Mundo Cultural Hispano de Rafaela Lillo:
 http://www.mundoculturalhispano.com/spip/spip.php?article3907
     Juan Luis Román del cerro:
http://www.ua.es/dossierprensa/2003/10/19/23.html
    Barriada de Benalúa:




  Capítulo II

      Salimos mi mujer y yo desde Alicante dirección Benidorm para alojarnos en el Hotel Bali, sobre las 7  de la tarde  del día 20 de junio del 2008, por la autovía A-7 dirección Valencia,  pasamos concretamente cinco noches. Habíamos preparado un viaje para exiliarnos en Benidorm durante el tiempo que duran las fiestas de Hogueras de San Juan en Alicante, porque aquí es imposible dormir, nosotros respetamos las tradiciones de las barracas,  la música hasta la madrugada, el fuego de las hogueras en medio de las plazas, las “mascletás” y los cohetes a los pies de la gente;  pero yo tengo “fobiafuego” y no lo soporto, quizá en mi subconsciente aun perdura el trauma de aquella vez que me quemé todo el cuerpo con leche hirviendo, pero esto no debería justificar mi “fobinfierno” a las Hogueras de San Juan, que me parece muy bien para los ingresos  económicos, aunque le rompa el ritmo y la paralice para que se diviertan unos miles. Aunque estoy afincado en Alicante y pienso vivir aquí por muchos años, según los “foguerers y barraquers” no tengo derecho a opinar ni a proponer que las fiestas patronales salgan de la ciudad, a unas explanada como ha hecho ya en otras ciudades importantes: Sevilla o Málaga. Que mientras unos miles se divierten el resto de cientos de miles puedan trabajar, pero aquí no, porque la diversión es obligatoria incluso para enfermos, niños y ancianos. Quizás me esté haciendo viejo, y esto es como una enfermedad contagiosa, los años impertinentes que nos precipitan hacia el fin...



                            Capítulo III. POLOP de la Marina:

   Cuando el amanecer entra en la habitación del piso 14, el mar entra como un caballo azul desbocado por la ventana, al abrir las cortinas se ve la isla de Benidorm, los rascacielos aparecen como vigilantes de batas blancas. Es junio y ya hace calor, nos espera la sierra y el viaje.
    Al salir de La Nucía, uno se tiene que parar al borde de la carretera ante la vista de Polop de la Marina, y sacar fotos. La carretera pasa por Polop, se pasa un puente sobre un hondo riachuelo y gira, irremediablemente, a la derecha, donde te ensordece las cientos de caños de  fuentes de los doscientos y pico chorros, aparcar donde se pueda, bajarse del coche y caminar, para sacar fotos al busto de Gabriel Miró y a los azulejos con frases del esteta de la prosa "Agua de pueblo, de este pueblo, que Sigüenza bebió hace veinte años. Tiene un dulzor de dejo amargo, pero de verdad química, que todavía es más verdad lírica. Bebiéndola se le aparece en la lengua el mismo sabor preciso del agua y de su sed de entonces". (pág. 92, edición ya anotada de "Años y Leguas").





















                                                                               Subida de Palmeral al cementerio de Polop




    Aquí, uno tiene la obligación de preguntar por la "Casa de Sigüenza" , la casa o “casalicio” como escribiera Miró, y abordamos en la calle de las fuentes, junto al hogar del pensionista, como es de esperar  a dos hombres del pueblo que nos dirán con agua amarga en la boca que la casa del escritor ya no existe, que se vendió y construyó en el lugar un bloque vivienda, y uno siente la rabia de la incultura. ¿Cómo es posible que pasen estas cosas?  Luego subimos desilusionado andando dirección a la iglesia de San Pedro Apóstol, bajo altos adarves, pasamos por la calle de Benjamín Palencia porque aquí residió el ilustre pintor manchego de la Escuela de Vallecas, y autor entre otras muchas obras, que yo recuerde  un dibujo a Miguel Hernández tocando una armónica para ilustrar un silbo quizás vulnerado que no se llegó a publicarse.
   Uno se encuentra con la calle Oscar Esplá, el músco amigo que Miró que también estuvo pisando las calles de este pueblo agarrado al cerro, un cerro donde se cierra el antiguo cementerio que sirvió de escenario para la tétrico relato de "Huerto de Cruces", relato premiado con el premio Mariano Cavia de 1925, e incluido más tarde en "Años y Leguas", a mí particularmente, no me gusta, pienso que sus amistades madrileños debieron inclinar el premio al platilla de su balanza. Cuenta la historia del entierro del pobre Manuel, y es que la muerte ronda todos los libros de Miró, como si fuera una premonición de su temprana muerte el 28 de mayo de 1930, por una apendicitis, tenía usted 51 años. Se ve que la muerte vende, como cuando publicó "Las cerezas del cementerio" 1910, situado el relato en Posuna, que podría ser Polop, la serie de televisión de 2004, se rodó en las tapias del cementerio de Polop.
     A lo mejor no corresponde Posuna de 1910 con Polop,  porque Miró se instalará en Polop allá en 1921 tras la recaída de la enfermedad  de su hija clemencia, resentida de un tifus contagiado en Barcelona en 1914.
     Informados por una mujer entrada en la edad de la menopausia, que camina con una pesada cesta de la compra, nos anuncia que el camino del cementerio está frente a la iglesia, subiendo por un empedrado camino del Calvario y escoltados por pinos, y ermitas de un vía crucis, con imágenes en azulejos de la Pasión del Señor que son idénticas a las que hay en La Romana
El camino del cementerio nos eleva a una vista generosa, la torre de la iglesia con su campanario callado se interpone ante el monte de Ponoch, “en cuyos hombros rueda el sol viejo “ o también el "León dormido", por el dorado lomo de sus peñas. Y aquí estamos otra vez con el libro abierto y nervioso leemos "Sigüenza principia la cuesta del cementerio escombrada de muladares. las hornacinas del vía crucis se han derrumbado sobre plastas y costras de vertedero que hierven de moscardas..." (Pág. 31). Nervioso porque tengo la satisfacción de ver lo que hay escrito en un libro del admirado maestro Gabriel Miró. Y nos parece ver a Gasparo Torrolba con "el cráneo calzado de pelo duro", es el enterrador que tiene la llave del cementerio, tocan a muerto pero no hay muerto solo es el aniversario de un novicio que murió aquí el año pasado.
     Sosegados por un asiento de madera, uno puede ven los tejados de la casas, una ya con el tejo desvencijado, tejas que son ya escombros, y La Nucía luciendo blancura y un cubo de arquitectura moderna, a lo lejos los montes que verdean, lo hondo del valle con los bancales ya abandonados, ya cubierto de hierbas, pero lo más asombroso es que aun perviven un grupo de pitas, ¿serán las mismas pitas de la que habla Miró en la página 55 cuando escribe "Las piteras están en flor, tortas de flor amarilla y apretadas como girasoles". Al ola lado la sierra de Bernia "galeón volcado", entre gris y violeta...
     Echo mano al libro "Los moriscos españoles su conversión y expulsión" de Henry Charles lea, pág, 120, edición del Instituto de Cultura Juan Gil Albert, y encuentro la masacre de moriscos de Polop:
"Le sucedió en el mando Vicente Peris, quien el 25 de julio 1521 obtuvo la decisiva victoria de Gandía, dejando el territorio circundante a merced de los agermanados; partidas incontroladas se abatieron de inmediato sobre la comarca, saqueándola y obligando a los moros a recibir el bautismo. El propio Peris [capitán general del ejército agermanado, durante de la revuelta de las Germanías en el Reino de Valencia], puso sitio al castillo de Polop, en el que un considerable número de cristianos y alrededor de unos 800 moros habían buscado refugio. Tras un bombardeo que duró cuatro días el castillo se rindió, pagando un rescate y aviniéndose los moros al bautismo a cambio de que se les garantizaran vidas y haciendas. Fueron agrupados en la barbacana del castillo y en esto corrió la voz de que los moros de Chirles acudían a rescatarlos. Al grito de "¡Matadlos!" fueron todos pasados por las armas, arrebatándose un abundante botín a los cadáveres8. En septiembre volvió Peris a Valencia con la misión de bloquear las negociaciones entonces en curso para alcanzar un acuerdo. Estando allí organizó una asamblea en la que se acordó declarar una guerra de exterminio; un artículo de tal declaración exigía el bautismo de todos los moros, de forma que pagaron impuestos superiores a los que debían hacer efectivos los cristianos viejos".
Capítulo IV, Callosa, Bolulla y el Algar.:

      Llegó Sigüenza (el mismísimo Gabriel) a Polop sobre 1920 y alquila una casa propiedad de doña Elisa…

 

 

CAPÍTULO x.-Confrides - Alicante

   El antiguo Aljofra o Alfofra musulmán tiene una condición fronteriza que le hace ser dual: es el primer pueblo de la montaña o el último de la Marina. Su actividad económica es eminentemente agrícola aunque la cercanía al turismo litoral y a Guadalest han hecho florecer una serie de servicios turísticos que jalonan el curso de la carretera que cruza la localidad. Su principal atractivo turístico reside en su proximidad a la cumbre y al Castillo de la Sierra Aitana a los que se puede subir en excursión desde la plaza del pueblo donde se yergue un magnífico nogal, símbolo de Confrides. Camino de Beniardá, a mano izquierda, tenemos el pequeño y coqueto caserío de Abdet donde se come muy bien.

   El término municipal está formado por los núcleos urbanos de Confrides y L´ Abdet y se accede al mismo por la carretera Callosa d´ en Sarrià-Alcoy. Está en la cabecera del valle, en las faldas septentrionales de la sierra Aitana y en su término municipal se encuentran los puntos más elevados del valle; L´ Abdet está en el fondo del valle a unos dos kilómetros de Confrides en dirección a Benifato.

   En el Casco Antiguo tenemos la Iglesia Parroquial del siglo XVIII y un gigantesco nogal bajo el cual se han reunido los confridenses a tomar las decisiones más importantes. En dirección a Benifato está el castillo de Confrides, erigido en un lugar casi inaccesible conocido como Penya del Castellet y que es el más alto de toda la provincia.

   Se pueden hacer buenas excursiones a la Sierra Aitana como es el Área Recreativa de la Font de l´ Arbre y las diversas fuentes que hay en la misma: la Font de Forata o de Machelis. Una buena excursión es la que nos lleva por el Castell de Confrides, Font de Forata y del Arbret hasta las alturas de la Sierra Aitana donde están la Penya Alta, el Penyó Mulero, el Pas de les Raboses que nos abre a la vertiente meridional de la sierra y las Simas del Partegat.



   En su censo de infortunios figura la mutilación de su obra maestra "El obispo leproso", publicada en noviembre de 1926, de la que reconoció que quemó 175 páginas en Polop para ajustar su extensión a las limitaciones del editor de Biblioteca Nueva. Para alguien que aseguraba crear con dificultad, el episodio debió ser trágico y sólo se le comprende en estado de irritación. Sus biógrafos y estudiosos no consideran que fuera un siniestro ficticio, simulado. La quema la confirmó su hija Clemencia, quien añadió que el fuego consumió, entre otros pasajes, el capítulo de la muerte y entierro del obispo, "que era soberbio". Cuando Jorge Guillén, que lo supo por carta de Miró, contó este desenlace a José Ruiz-Castillo, hijo del editor, éste quedó desconcertado. "Efectivamente –contestó a Jorge Guillén–, recuerdo que mi padre se lamentó de haber tenido que sugerir a Miró suprimiera algunos pasajes de su novela 'El obispo leproso' para que, aun quedando más larga que las demás, incluso la que le servía de antecedente, 'Nuestro padre San Daniel', se pudiera conservar el precio de venta por ejemplar establecido para cada uno de los volúmenes de las obras completas del autor". No obstante, el celo creativo del escritor consiguió que nada se notara, de lo que se jactó en una entrevista publicada en "La Gaceta Literaria" en la que aceptó que hubo "tijeretajos" pero en la que retó a descubrirlos: "No hay mutilación alguna –le dijo al entrevistador–. Desafío a usted a que me señale las cicatrices".













        BUSCANDO A GABRIEL MIRÓ EN CONFRIDES
                                          
      El domingo 7 de agosto de 2011  me levanté temprano con una temperatura  exterior de 28.7 grados, en el reloj digital  aparecían los dígitos 7.07  AM, me fui a la terraza, encendí el ordenador leí los “emilios”  todos era Spam, ninguna amistad se había dignado a escribirme.  Así que apagué el ordenador y me puse a leer uno de mis libros favoritos que están a mano en mi anaquel de la terraza. Era “Años y leguas” un libro que el prosista alicantinos Gabriel Miró Ferrer había publicado en 1928, donde cuenta las andanzas de Sigüenza, su alter ego o su otro yo literario, personaje que usa el alicantino para escribir en tercera persona y no en prima, quizás por pudor para no parecer narcisista y habla sobre sí mismo.  No imaginó que dos años después el 27 de mayo de 1930 moriría en Madrid de una operación de apendicitis, tenía 51 años.

    “Años y Leguas” es la más alta cumbre de la prosa mironiana, donde combina la descripción de paisajes, estampas, prosa poética, el artículo, el cuento, los recuerdos, la anécdota y la historia de una zona concreta: “La Marina Alta de Alicante”. Es una obra narrativa más que novela en la línea de “La voluntad” de "Azorín", donde pasan las páginas y no pasa nada, porque no hay argumentos, son como capítulos unidos por un eje común con la intención de hablar de Alicante y muchos pueblos, como hizo Cervantes con su Quijote, implicar a toda La Mancha, haciendo que el caballero de la Triste Figura cabalgara junto a Sancho por multitud de  pueblos, aldeas y ventas, cuantas más mejor.
"Años y leguas" es como una continuación a dos libros anteriores “Hilván de escena” 1902, y  “Del vivir” de 1904, e incluso me extendería a “El humo dormido” de 1919, dedicado al músico alicantino Oscar Esplá.

    Hecha esta necesaria introducción. “Años y Leguas” se me abrió como una premonición por le final, por la página 186, de la edición Biblioteca Básica Salvat, 1979 que es la edición que yo manejo, y leo:

“Confrides, tallado en limpidez de invierno de los últimos recintos de la sierra. Su torre, como una además de persuasión para contener el ímpetu de la ruta de la mar. Desde Confrides ya no se ve el mar”.

     Empecé a pensar que era muy genérica la descripción sobre  el pueblo de Confrides, que allí tenía que existir  historias por contar. Desde luego que no se ve el mar, el mar queda  más de 50 kilómetros al Este. Nombra también otra aldea L´Abdet,  a dos kilómetros de Confrides, de la que solo dice que es una “panal en el corte de la quebrada”.  Busqué más referencias a Confrices, me parece otra en la página 180:
    “Más cuesta arriba, quietud y silencio de Aitana en Sigüenza. Años y leguas  en una contemplación estructurada, denominada y comprendida desde la última piedra del cabo Toix, que se comba en el mar, hasta la hoz de Confrides.

     ¿Y ya está, no habla usted más de Confrides?. Me viene a la memoria que en la segunda quince del mes de junio de 2008, hice un viaje por tierras de la Marina Alta, en coche con mi mujer,  que titulé “Por tierras de Gabriel Miró” donde agregué textos de otros autores. Aquella vez yo no subí  a Confrides. Pero, perdone usted, señor Miró, que el diga que usted tampoco estuvo. Pues no puede ser  que olvidara de nombra el gigantes nogal de la plaza de Ayuntamiento o habla del castillo de Aljofra o Alfofra, que se ve desde la plaza del nogal, sobre una  peña viva, enmascarado entre columnas que son torres de piedra gris,  que domina la sierra de Aitana y todo el valle de Guadalest hasta el mar de Altea, a cuyo marquesado pertenecieron las alquerías de Beniardá, Benimantell, Benifato, Benasau, Abdet y Confrides. Difícilmente usted estuvo en Confrides, si hubiera sido así hubiera escrito más sensaciones.

      Ante estas dudas cambió mi espíritu lector por mi espíritu de viajero aventurero, y decidí subir a Confrides en mi coche. Así que a eso de las 8.00 desayuné una tostada de aceite con ajos un vaso de soja, después mastique cáscara de limón para disuadir  a los el clamoroso olor del ajo y no ayentar a mis interlocutores. Fuerte por dentro, le dije a mi mujer que me iba a recorrer los pueblos de Alicante y a hacer videos como documentos. Y por lo tanto armado con mi cámara de fotos tomé la autovía A-7 dirección Alcoy, llega un momento en que se la autovía se corta y empiezan obras (llevan años), a la altura de la bifurcación de la antigua N-340 carretera que viene del puerto de La Carrasqueta y Xixona.  Desde aquí se inician una serie de cerradas curvas descendentes como látigos enfadados hasta tomar la CV-79, que anuncia Benillosa y Banasau. Esta es la carretera comarcal dirección Levante que hay que tomar. No tiene arcén, pero tiene buen asfalto y está marcada en el centro con señales horizontales y en los extremos con quitamiedos.
    Mi intención era no parar hasta Condrides, luego a la vuelta me pararía en Benasau y en Benilloba. Lo importante era llegar primero al destino, pues de lo contrario te entretienes en un lugar u otro y no llegar al final. Sin embargo, al  subir las cuestas de los primeros kilómetros ves a lo lejos el valle del Alcoy, Muros de Alcoy y Cocentaina, amplio extenso,  unas torres de castillo, por la ventanilla entra un olor potente de pinos, no es el ambientados de mi coche, es de un pino natural como sacado del bote de la madre Naturaleza. Y de repente vi la silueta altiva de una torre enjuta y orgullosa. Paré en un arcén, para sacar unas fotos.  El visor de mi cámara digital Sony es enturbiada por el paso veloz de unas motos, son los moteros domingueros que suben por estas carreteras a toda pastilla, a bandera tendida se decía antes.
    Cuando avanzo veo el cartel de situación que me anuncia que estaba en el castillo de Penella, tiene unos andamios como si lo estuvieran reparando. Pienso: “Gran idea recuperar los castillo ruina de nuestro Patrimonio”. Seguí la carretera, me encuentro con un grupo de ciclistas, son de un equipo que se entrena, si fuera una carrera ciclista, lo primero que te encuentras es un coche escoba con una bandera roja, que nos indica no adelantarles. Luego aparece el cartel de Benilloba que como una planta de casa crece a mi izquierda. Luego unos kilómetros más adelante Benasau, que también crece  en la misma posición que el anterior. Sigo, me encuentro al señal de Ares del Bosque, y las curvas empiezan a cerrarse, a ponerse cada vez más crudas, ya no sé si estoy subiendo o bajando hasta llegar a un collado, desde donde se ve a mi izquierda paredes de rocas calcáreas desnudas, a la vista del mundo, altas como arbotantes de catedrales. Entre los pinos aparecen calvas de prado y algunas manchas de amarillo que parecen girasoles o colza.
   Cuando la carretera empieza a llanear te encuentras, al fin el cartel de Confrides, he hecho uno 80 kilómetros desde que salí de Alicante. Después de culminar las primeras casa desciende hasta llegar a una zona con arcén. A la izquierda tenemos la Fonda-Restaurante “El Pirineo”, famosa es este lugar. En la puerta veo varias mesas con vecinos y visitantes toman algún refrigerio. Es hora de dejar el coche y caminar a pie, pues como dicen la doctrina de la estrategia militar, ningún terreno se puede considerar conquistado hasta que no llega la Infantería.  Entro en “El Pirineo” para tomar algo tiene comedor y terraza con vistas al valle, un terreno abrupto de pinares, no es extraña que le bautizaran con el nombre de “El Pirineo”, porque  esto es el Pirineo más al sur que tenemos. La barra es pequeña, está llena de clientes, entre ellos dos deportistas vestidos de ciclistas.

     Son las 11 de mañana y estoy ya estamos en Confrides (CP 03517), que se sitúa a 785 metros de altitud. El paisaje me gustas, ahora me hace alta conquistarlo. La primera impresión me gusta  Es domingo y en la subida de la calle San Atoni, los vendedores ambulantes han instalado un pequeño mercadillo de ropas, frutas, verduras y plantas. En el censo de 2010, le figuran 276 habitantes. Hablan valenciano, pero no es problema porque también hablan español  Subo armado con mi cámara de vídeo y mi trípode por calle San Antoni. Uso el truco de auto-filmarse con el trípode extendido y también en posición de reposo. Avanzo hasta el final, y al escuchar unos toques de campana el pregunto a un lugareño que dónde está la iglesia, me dice que subiendo por la calle Bax o Baja, que está a mi derecha. Aparecen  abundantes plantas en las puertas de las casa, huele a diversas plantas. Tras pasar la pileta de una fuente pública, oculta la puerta de la Parroquia de San José, hay misa a las once y media. Volveré para sacar unas fotos del interior del templo. Sobrepasada al iglesia se hable una plaza, y otra, en esta segunda se ubica el ayuntamiento, y en el centro se yergue un nogal que como es agosto se encuentra verde, porque como sabéis un  árbol de hoja caduca. Le escribí un soneto libre Al nogal de Confrides". Desde una esquina, sin barandilla, me asomo al campo,  a los lejos veo la fortaleza de un castillo sobre una peña, pegunto y me dice entendido vecino, que es  el  castillo de Aljofra o Alfofra  fue una alquería musulmana conquistada por Jaime I en 1264. Sus posteriores propietarios serían la familia Sarriá, el infante Pedro y las familias Cardona y Ariza.   Durante la guerra con Castilla en el siglo XIV fue conquistada por las tropas castellanas, que la mantuvieron en su poder varios años hasta que Pedro IV la recuperó en 1364.

Cuadro de texto:
















    Desde la plaza que llaman del nogal, no del Ayuntamiento, saco unas fotos, hay coches aparcados, es verano y  hay turistas, que por lo que oigo son franceses. Ya nada queda virgen a la mirada de los turistas, ni este Confrides en el confín del mundo.
    Continúo por la calle Mayor, pienso bajar. La calle está encajonada por una fortaleza de piedra natural vista, no en calada si no abierta a martillo y cincel, la calle desciende, en todas los umbrales de las puertas haya macetas de plantas, están exultantes, si en este mes de agosto están tan bien, cómo estarían en la primavera. Una mujer rubia, ya metida en los setenta, rubia me pregunta si me gustan las plantas, le respondo afirmativamente.
     -Si quiera ver una planta rara vega a mi casa, que se la voy a enseñar, vivo al lado en el número diez.
     -Desde luego que sí, eso hay que verlo.
      La puerta de la casa estaba abierta, aquí nadie cierra la puerta, para que, si nadie roba nada. La puerta tiene una cortinilla corrida de cadenitas plateadas. Y en la entrada misma sobre una consola retratos de la familia, un espejo, y en el suelo tres macetas, una de ellas muestras una flores de tipo campanillas, al preguntarle cómo le llaman me dice que “coral”.  Es una planta heredada de su madre. Está sin duda mimada, y se le nota. Le digo que las plantas tienen cerebros múltiples en las puntas de las raíces, según las últimas investigaciones. Por eso a las plantas hay que hablarles, porque ellas sientes la voz de su amo y el cariño que estos le dan.
    Al salir de la casa me pide que le mande fotos que he sacado, me da la dirección es la casa de Vicente Llorens, ex cartero de Confrides, C/, Mayor 10.    Es muy amable, y al salir nos encontramos con otro vecino con sobrero roto de de paja, se llama Abundio y quiere que yo ve la escalera con pasamanos de hierro forjado que tiene en su casa, ahí al lado. Nos acercamos,  volvemos hasta la plaza del nogal, está una rampa, las flores se salen de sus maceteros. La casa es una joya, decorada a estilo modernistas con muchos gusto, una gran piedra salen de la pared hacia afuera.
    -Esta piedra está aquí- me cuenta Abundio- porque costaba más quitarla que dejarla ahí. Y ahí está. ¿qué le parece?
    Al comentarle que yo era pintor, me comentó que en el pueblo vivían dos pintores Carraco y Santiago. Le dije que a Carrasco sí le conocía pues hizo una exposición en la CAM en junio  2006.
    Le respondo que a mí me gusta, que me recuerda un casa de Enix en Almería que también  tenía una piedra parecida, muy decorativas. Me presentó a su mujer, que es la de Encina, una manchega muy guapa. Me invitan a una cerveza y charlamos sobre el disfrute de al cosas y el dinero. Y es que el dinero son números nada más en la libreta de ahorro, lo importante son las cosas que podamos obtener del dinero, como esta casa impresionante, que rehabilitada conserva solería antigua, vigas de madera, muebles antiguos etc.  Pienso, ¿cómo es posible que aquí en Confrides existan un  maravilla con esta. Hablamos y hablamos hasta que llegó la hora de la misa, nos acercamos he hice unas fotos de su interior. Es grande y se conserva muy limpia y muy bien.

 Camino de vuelta pasé pero Benasau, hice un corto video desde la torre hasta al iglesia que tiene el mismo tamaño que la de Confrides, pero Benasau ya no es  mismo que Confrides. Confrides me dejó emocionado,  para mí  es el pueblo más bello de los que  hasta ahora he visto de todos los de Alicante. Algún día Confrides tendrá un vecino empadronado más.

 Tras esta estampa o impresión que yo he percibido, me consta que Gabriel Miró nunca estuvo en Confrides. El padre D. Juan Miró que era de Alcoy era ingeniero de Obras Públicas y que precisamente a primeros años de siglo XX diseñó la que es hoy la CV-70 de Casollosa de Ensarriá a Alcoy.


 Alicante, 11 de agosto 2011


















Obras a la TV. Las cerezas del cementerio

Visitants il.lustres foren el escriptor Gabriel Miró,el músic Oscar Esplá,el tenor Emilio Sagi Barba,el Pintor Benjamín Palencia,el director de cinema Tito Fernández...



Sábado 1 de enero en La Primera de TVE
Basada en la novela de igual título de Gabriel Miró, está dirigida por Juan Luis Iborra e interpretada en sus principales papeles por Concha Velasco, Félix Gómez, Xabier Elorriaga, Juli Mira, Alvaro de Luna, Raúl Julvé, Empar Ferrer y Gretel Stuyck.
Se ha rodado en escenarios de Alcira, Rocafort, El Puig, Betera, Picaña, los Jardines de Monforte, la playa de la Malvarrosa, la iglesia de Campanar, el Salón de Cristales del Ayuntamiento de Valencia, la localidad alicantina de Polop, cuyo cementerio inspiró a Gabriel Miró, así como el Museo del Ferrocarril, la estación de Algodor (Toledo), el Hotel Ritz y el Casino de Madrid  
La miniserie cuenta con la colaboración de la Obra Social de la Caja de Ahorros del Mediterráneo, poseedora de los derechos de la obra de Miró, y está encuadrada en el protocolo de actuaciones para la promoción y fomento del sector audiovisual valenciano, dentro del que se enmarca el Convenio de Cooperación entre la Generalitat Valenciana y el Ente Público RTVE

"Las Cerezas del Cementerio" es una miniserie de 120 minutos basada en la obra del alicantino Gabriel Miró, de cuyo fallecimiento se cumplen 75 años el 27 de Mayo de 2005. Dirigida por el alicantino Juan Luis Iborra, coautor del guión junto a Pedro Gómez y Antonio Albert y producida por Coral Valencia para TVE, se ha rodado en escenarios naturales de la Comunidad Valenciana. 
UNA HISTORIA DE AMOR
Las Cerezas del Cementerio relata los amores del joven estudiante de ingeniería Félix Valdivia con Beatriz, una mujer madura casada infelizmente con un naviero inglés de  fortuna. La acción se desarrolla en la costa valenciana de principios del XX, una sociedad anquilosada por las más viejas tradiciones. 
Diversos personajes episódicos (Lázaro Valdivia, el padre de Félix; Julia, la hija de Beatriz; Lutgarda, tía de Félix; Lambeth, el esposo hermético y alcohólico de Beatriz; Doña Constanza y Eduardo, primos de Lázaro; Guillermo, tío de Félix, muerto en extrañas circunstancias años atrás y sobre el que recae la esencia de la obra; etcétera), arropan una trama cargada de interés en la que coexisten situaciones de dramatismo con otras llenas de poesía y magia.
Juan Julio Baena, Productor ejecutivo de la serie, ha destacado "con la producción de "Las Cerezas del Cementerio" pretendemos realizar una serie de género pensada para recuperar un autor, Gabriel Miró, y su obra. Concebida como un gran relato para la pequeña pantalla, su diseño se concreta en una historia cerrada, de personajes con un elaborado perfil psicológico, junto al rigor en el tratamiento de la imagen y la ambientación que exigen este tipo de producciones".
Por su parte, Juan Luis Iborra, Director de la serie, considera que "Las Cerezas del Cementerio" refleja la pasión y conocimiento por Miró de los personajes femeninos enmarcados en una gran historia de amor de dos personas avanzadas en su tiempo y oprimidas por los corsés de una época.
Como alicantino, es una gran ilusión tener la oportunidad de recrear  lo que mis bisabuelos seguramente vivieron en los mismos lugares donde Gabriel Miró situó la acción de "Las Cerezas del Cementerio".
El paisaje mediterráneo, la cultura valenciana, la vida en la ciudad y el contraste con las costumbres en los pueblos de interior son parte fundamental en "Las Cerezas del Cementerio".

Alcira, Rocafort, El Puig, Betera, Picaña, los Jardines de Monforte, la Playa de la Malvarrosa, la Iglesia de Campanar, el Salón de Cristales del Ayuntamiento de Valencia, la localidad alicantina de Polop, cuyo cementerio inspiró a Gabriel Miró, así como el Museo del Ferrocarril, Algodor, el Hotel Ritz y el Casino de Madrid han sido los lugares elegidos para recrear la Valencia de 1909 y ambientar los amores del joven estudiante de ingeniería Félix Valdivia con Beatriz, una mujer madura casada infelizmente con un naviero inglés de fortuna. 
Un total de treinta actores de la Comunidad Valenciana completan el reparto encabezado por Concha Velasco, Félix Gómez, Xabier Elorriaga, Juli Mira, Alvaro de Luna, Raúl Julvé, Empar Ferrer y Gretel Stuyck. A lo largo de la serie han participado asimismo alrededor de quinientos extras.
La miniserie ha contado con la colaboración de la Obra Social de la CAM, poseedora de los derechos de la obra de Miró. A través de su Obra Social, la CAM ha venido desarrollando una labor de difusión cultural con iniciativas que abarcan todos los campos de la cultura y en su sede de Alicante alberga, desde 1952, la Biblioteca Gabriel Miró con un fondo bibliográfico de más de ochenta y cinco mil volúmenes.



 Gabriel Miró vivó en el barrio de Benalúa
Nuestro barrio ha sido cuna de prolíficas personalidades, su ambiente ilustrado, sus dotaciones culturales, y la armonía que se vivía en las calles, era el caldo de cultivo perfecto para que de allí brotaran algunos de los nombres alicantinos más importantes del Siglo XX.
Como a continuación veremos, el ambiente del barrio pudo ser tan importante que hasta influyó en el carácter de un escritor ilustre alicantino, como fue Gabriel Francisco Víctor Miró Ferrer, "Gabriel Miró". Su vida triste y monótona, de empleo en empleo, fue paliada con un mundo mágico de espléndida belleza trasvasada en relatos, cuentos y novelas, claramente influidos por la nostalgia y la melancolía con la que añoraba su ciudad natal, su barrio y sus vivencias de niño.
Nació en el seno de una familia conservadora y católica, en Alicante el 28 de julio de 1879, y vivió los primeros años de su vida en la Calle Castaños, donde hoy una placa conmemorativa recuerda este dato. Apenas cinco años después, arrancaban las obras del Barrio de Benalúa, siendo su padre, el ingeniero de Obras Públicas Juan Miró Moltó (casado con Encarnación Ferrer) uno de los doscientos accionistas, pues adquirió un título que le daba derecho a una de aquellas nuevas y preciosas casas lejos del entonces agitado y denso centro urbano.












Gabriel Miró, según el historiador Vicente Ramos (su mejor biógrafo), sintetizó en su carácter lo que es nuestra provincia, puesto que en su espacio vital y anímico confluyeron la ciudad barroca, religiosa, tradicional, que es Orihuela, donde nació su madre, con la ciudad industrial, técnica, progresista, Alcoy, donde vino a la vida su padre.
A todo esto se unió que nació en Alicante, entonces una ciudad eminentemente marinera, de cielos azules y de sol resplandeciente. Durante la vida de Gabriel, Vicente Ramos recuerda que donde vivía el escritor se disfrutaba de un horizonte limpio, abierto al mar, sin límites, que le empujó espiritualmente hacia nuevos ámbitos estéticos, hacia el Mediterráneo. El mar fue la puerta que le abrió el alma hacia la cultura clásica, hacia un origen griego y latino.
Y esto es cierto: su casa estaba en una posición privilegiada, en el chaflán entre la calle Pérez Medina y Foglietti, frente a la plaza, junto al casino (y posteriormente, el Salón Granados), gozando de unas estupendas vistas. Al asomarse al balcón, podía ver el mar al fondo de Pérez Medina, así como el chalet del que sería su gran amigo, Óscar Esplá. Si miraba al frente, podía ver los árboles, y el templete de la placeta.
Gabriel era un niño de carácter retraído. Vivió junto a sus padres y su hermano mayor, Juan, los primeros años de su infancia en Benalúa. En un primer momento estudió con el maestro D. Marcelino y con su tío, el pintor alicantino Lorenzo Casanova. Allí nació su vinculación con el arte. En la academia de su tío aprendió la estética de la pintura. Le emocionaba el color azul en todos los matices, al ser el color del cielo de Alicante.
Posteriormente ingresó a los diez años como alumno interno entre 1887 y 1892 en el Colegio de los Jesuitas Santo Domingo en Orihuela, junto a su hermano. Podemos imaginarlo cuando iba o volvía, quizá una vez al mes o incluso menos, a aquella ciudad, subido en el tren de vapor que salía desde la maravillosa Estación de Benalúa, junto a la playa del barrio.
Su estancia en el colegio se tradujo en una profunda melancolía y añoranza de su hogar y de su madre, que caló hondo en su ánimo y en un inexplicable reuma de su rodilla izquierda.
Allí aprendió a amar la naturaleza, y le concedieron su primer premio literario con un trabajo de redacción escolar titulado Un día de campo. Al enfermar de su rodilla, quizás por hipocondría, pasó largo tiempo en la enfermería del colegio, marcando esta larga estancia uno de los episodios que más influyó de forma decisiva en su prosa. Desde allí pudo contemplar el paisaje de la huerta oriolana, y sus costumbres y detalles que posteriormente quedaría recogida en su obra.
Su delicado estado de salud movió a sus padres a trasladarlo de vuelta a Alicante con doce años, y matricularlo en el Instituto de Enseñanza Media de Alicante, del que fue expulsado en numerosas ocasiones. Después marchó con su familia a Ciudad Real, como reflejará en su novela Niño y grande; allí terminó el bachillerato.
En Octubre de 1895 entró a estudiar Derecho en la Universidad de Valencia. A causa de sus amistades, no se centró lo suficiente en sus estudios por lo que al finalizar el segundo curso, sus padres decidieron trasladarle e ingresarle en la Universidad de Granada donde se licenció en 1900. Al finalizar sus estudios, volvió a Alicante, a la casa de sus padres, en el barrio donde vivió de pequeño, por tratarse de un lugar tranquilo, apartado y silencioso, donde dio inicio a su prodigiosa carrera de escritor, dedicado por entero a la lectura de los clásicos castellanos. Miró era objeto de admiración y respeto por parte de sus contertulios en el Ateneo Senabrino, donde se fraguó su su afinidad con Óscar Esplá, con Francisco Figueras Pacheco, y con los que se reunían en aquella Zapatería de los hermanos Senabre.
Debido a la precaria situación económica en la que se encontraba decidió presentarse a unas oposiciones a Judicatura, con el deseo de complacer a sus padres. Pero fracasó en las dos convocatorias y pasó a ocupar cargos modestos de escribiente en el Ayuntamiento de Alicante y en su Diputación provincial. Aquí comenzó su existencia gris, de pobres empleos mal remunerados.
También desempeñó el cargo de oficial en el Hospital Civil de San Juan de Dios; del que no estaba muy entusiasmado. Posteriormente desempeñó las funciones de auxiliar administrativo de la Junta de Obras del Puerto y secretario particular del Ayuntamiento de Alicante.
En 1901, a los veinticuatro años contrajo matrimonio con una chica del barrio de la que se había enamorado: Clemencia Maignon, hija del Cónsul de Francia en Alicante, de cuyo matrimonio nacieron sus hijas Olympia (1902) y Clemencia (1905). Los primeros años de su vida en pareja los vivieron en el piso superior que se había añadido a la casa de sus padres, que lo acondicionaron como una vivienda aparte.
Fue entonces cuando escribió su primera obra, La mujer de Ojeda (1901), que fue tachada por el escritor de muy naturalista y la eliminó de sus obras completas.
Posteriormente, parece que se fueron a vivir a un chalet propio, al final de la Calle Foglietti, junto al puente por el que entraba el Tranvía al barrio, donde hoy una escueta placa recuerda su figura, sin aportar muchos más datos. Durante los veranos (probablemente en su etapa como soltero) disfrutaba de la calma de la alejada Finca Benisaudet, hoy en un estado lamentable junto a la Gran Vía, próxima al Parque Lo Morant.
El edificio levantado sobre la antigua vivienda en la que residió Gabriel Miró, en la confluencia de la calle Foglietti con Óscar Esplá, por la que el tranvía que venía por la calle de Ramales (actual Reyes Católicos) entraba al barrio de Benalúa. Si bien las viviendas del barrio original se reducían a un perímetro más pequeño, la relevancia de esta conexión con la ciudad hizo crecer al barrio a lo largo de esta calle.
Esta es la placa que recuerda a Gabriel Miró en Benalúa, homenajeado en el 75 aniversario de su fallecimiento. Una placa similar podemos encontrar en la que también fuera su vivienda en la Calle Castaños.
Su primera novela fue La mujer de Ojeda, y su segundo libro Hilván de escenas. Abandonó la profesión de abogado para dedicarse a escribir novelas y preparar artículos periodísticos, pues deseaba vivir tranquilo en Benalúa, en paz y serenidad de alma, sin anhelos de grandezas, a pesar de los consejos dados por sus padres para que se creara un porvenir desahogado y seguro.
En 1908 ganó su primer galardón: el primer premio de novela organizado por El Cuento Semanal, adquiriendo rápidamente gran fama de narrador y estilista: en ese mismo año le dieron un homenaje varios escritores, entre ellos Valle Inclán, Pío Baroja y Felipe Trigo; también en ese año falleció su padre, el mismo día en que publicaba su novela Nómada.
Colaboró en muchos diarios y revistas españolas y americanas, entre ellas El Heraldo, Los Lunes de El Imparcial, ABC y El Sol de Madrid, y Caras y Caretas y La Nación de Buenos Aires.
En 1911 le nombraron cronista de Alicante, un puesto que anhelaba, pero el puesto no le satisfizo y tres años después, en 1914, se trasladó a vivir a Barcelona para trabajar como empleado en la Diputación de Barcelona. Allí trabajó como cronista de Barcelona en la Casa Provincial de Caridad.En la ciudad condal combatió el tedio de la burocracia realizando traducciones del francés y dirigiendo una Enciclopedia sagrada para la editorial catalana Vecchi & Ramos, proyecto que no se llegó a concluir pero que le satisfizo íntimamente, y entre 1914 y 1920 colaboró en la prensa barcelonesa: Diario de Barcelona, La Vanguardia y La Publicidad.
Allí conoció al editor de muchas de sus novelas, Domenech.
En Barcelona escribió: Dentro del Cercado, Del Huerto Provinciano, Los amigos, Los amantes y la muerte, Las cerezas del cementerio, El Abuelo del Rey, El libro de Sigüenza, Figuras de la Pasión del Señor y el Humo dormido.
De nuevo volvió a cambiar de residencia, y en 1920 se trasladó a Madrid al ser nombrado funcionario del Ministerio de Instrucción Pública, donde desde 1921 trabajó como empleado de la Secretaría General Técnica del Ministerio de Trabajo. La vida en Madrid no se le presentó como él pensaba en un principio, hasta que fue nombrado auxiliar competente artístico y literario para la organización de concursos nacionales, cargo que desempeñó con gran acierto hasta su muerte.
Escribió artículos periodísticos en ABC, El Sol y la Nación de Buenos Aires, y colaboró con El Heraldo y Los Lunes del Imparcial. Preparó una monografía referente a los templos de Santo Tomás y San Vicente de Ávila. Tarde, pero por fin parecía que mantenía una posición notable y segura. Mientras, iban apareciendo sus nuevos libros: El Ángel, El Molino, El Caracol del Faro, Nuestro Padre San Daniel y Niño y Grande.
Tampoco en la capital de España resolvió sus continuados problemas económicos. En 1921, manifestó, a este respecto, que sentía el más grande y doloroso desencanto de su vida y, en busca de la curación de su hija Clemencia, inició sus veraneos en Polop de la Marina.
Al año siguiente optó, sin éxito, por segunda vez al premio Fastenrath de la Real Academia Española, con su novela Nuestro Padre San Daniel; en esta ocasión, los sectores reaccionarios llevaron a cabo una sucia campaña de desprestigio y enviaron a los integrantes del jurado los recortes de los periódicos en los que se le atacaba por sus Figuras de la Pasión del Señor.
El 1 de agosto, el Ministerio de Instrucción Pública lo nombró “Auxiliar, en concepto de competente literario y artístico de los Concursos Nacionales de protección a las Bellas Artes”. En 1923 la Diputación de Alicante lo nombra Cronista de la Provincia, aunque momentáneamente sin sueldo, mientras que la de Barcelona le reclama el fruto de los trabajos por los que ha sido remunerado, afirmando: “No ha entregado trabajo alguno referente al encargo que se le confió y no se ha presentado en ocasión alguna a prestar servicio”.
Allí en Madrid permaneció los últimos diez años de su vida. En 1925 ganó el Premio Mariano de Cavia con un jurado constituido por José Francos Rodríguez, Gabriel Maura, Pedro Muñoz Seca, Eugenio D´Ors y Darío Pérez, por su artículo Huerto de cruces, en el que glosa una estampa tan alicantinista como el cementerio de Polop de la Marina. En 1927 fue propuesto para la Real Academia de la Lengua, pero no fue elegido, quizá por el escándalo levantado ante su novela El obispo leproso, considerada anticlerical.
Gabriel Miró, paseando por tierras levantinas.
Entrevistado por César González Ruano para el Heraldo de Madrid, en 1929, diría al afamado periodista, al ser preguntado por sus aspiraciones a ocupar un sillón de la Real Academia de la Lengua Española: “Además yo no tengo espíritu académico sería un hombre inútil en la Academia como lo he sido casi en la vida…Nadie se ocupa de mí. Yo soy un hombre retraído, que no puede ser tema de actualidad.”
Hasta en los últimos años de su vida tuvo que sufrir las tristezas que le proporcionaba un mundo del que no se podía apartar totalmente. Los arañazos que la sociedad le diera los lavaba con las bondades de su noble corazón.
En este tiempo, la familia Miró tuvo que afrontar circunstancias muy dolorosas que comenzaron en 1919, con la pérdida de los dos hijos de su hermano Juan. Después, vino la enfermedad de su hija Clemencia, que marcó sus últimos años de vida, con largos paseos en sus vacaciones estivales por Polop y la Sierra de Aitana, donde reencontró la calma al volver al contacto con su añorado paisaje alicantino.
Comenzó a sentirse enfermo después de asistir al homenaje de Miguel de Unamuno. Los últimos días de su modestísima vida transcurrieron en mayo de 1930. El día 27, tras recibir la visita de un sacerdote, al que permitió, por corrección, permanecer unos instantes en su habitación, aunque a su salida, dijese: “El hombre no me ha servido para nada”, despidiéndose de todos con el nombre de la ciudad que le vio nacer y que siempre estuvo en su corazón y en sus escritos, expiró.
Gabriel falleció rodeado de su familia, con apenas 51 años de vida, el 27 de Mayo de 1930, en Madrid, a causa de una grave enfermedad, de la que fue intervenido quirúrgicamente sin ningún éxito.
Vinieron a despedirse de él, entre otros, Azorín, Menéndez Pidal, Pérez de Ayala, Pedro Salinas, Ricardo Baeza, Eugeni d´Ors, Benjamín Jarnés, y sus amigos alicantinos: Eufrasio Ruiz, Heliodoro Fuster, Óscar Esplá, José Guardiola Ortiz, Enrique Puigcerver, Adelardo Parrilla y Federico Madrid.
Aunque sus paisanos reclamaron el traslado de sus restos mortales a su ciudad natal, siguiendo sus instrucciones fue enterrado en Madrid, el día 29 de mayo. En el segundo aniversario de su muerte, el 27 de mayo de 1932, Don Lorenzo Carbonell, alcalde de Alicante, propuso a la corporación municipal que, como homenaje a Gabriel Miró, se erigiese un busto en la plaza que hoy lleva su nombre. En la sesión en la que se hizo pública esta iniciativa, el portavoz de la minoría socialista González Ramos proclamó su convencimiento de que el escritor no era propiedad exclusiva de esta ciudad, sino que pertenecía a toda la provincia y, aceptando el alcalde esta puntualización, el busto del escritor, obra del escultor José Samper Ruiz, fue, efectivamente, sufragado mediante aportaciones procedentes de todos los pueblos de la provincia.
En Orihuela se le erigió otro busto, obra del escultor José Seiquer Zanón, y existe una curiosa anécdota sobre el día de su inauguración, acaecida en 1932, que está recogida en el libro Vega Baja y da cuenta de ella su autor, Vicente Bautista. Al acto, llamado en su día “Romería lírica a Oleza”, acudieron, entre otras personalidades, Miguel Hernández, Ramón Sijé, María Cegarra, Carmen Conde, su esposo Antonio Oliver y el responsable de dirigir unas palabras a los asistentes al acto, Ernesto Caballero, periodista y escritor que fuera uno de los teóricos del falangismo. Éste se presentó vestido con el uniforme de falangista y durante el discurso, que no fue de lo más acertado, se armó tal algarabía que tuvo que presentarse la policía y terminaron todos en comisaría.
A pesar de sus méritos, Gabriel Miró no ha recibido el título de hijo predilecto ni de la ciudad ni de la provincia, ni la medalla de oro de la provincia de la que fue su cronista oficial. Tras su muerte, fue incluido en la nómina de sus hijos ilustres y se designó con su nombre la plaza en la que se ubica su busto, que, con anterioridad, se denominó de las Barcas y cuando se cambió su nombre se llamaba de Isabel II, la actual Plaza de Gabriel Miró.
Su obra:
Hombre sencillo, humilde y bondadoso, Gabriel Miró tuvo un temperamento hiperestésico, una sensibilidad exacerbada a colores, aromas, texturas y sonidos que refleja en sus obras, de tempo lento y moroso y carácter muy lírico y descriptivo; su estilo, muy elaborado, se halla esmaltado de palabras castizas, arcaísmos y sinestesias.
Creador de una obra selecta y minoritaria, su prosa modélica podemos considerarla como la más sensorial de todas las de los novelistas del s. XX. Maestro del estilo y domeñador de la lengua, buscó en el impresionismo poético una posible salida al callejón, en que había desembocado el modernismo.
Enclaustrado en su vida familiar hondamente, y torturado también por su existencia de burócrata y funcionario, Miró permaneció ajeno a las relaciones sociales, a los grupos, generaciones y escuelas, que son las formas en que se modeló el campo literario en su época. Seguramente le atraía más la contemplación del mar, el paseo por el campo, la charla con la gente sencilla de Polop, de La Nucía, de Parcent…: “socialmente no ejerzo de escritor, por desgana y por escasez de horas”, escribió en aquellos años. Fue una persona tan difícil de comprender que apenas tuvo amigos. Entre esos pocos, podemos destacar a dos alicantinos ilustres: el compositor Óscar Esplá y Francisco Figueras Pacheco, de su mismo barrio; el escultor Daniel Bañuls, amigo en común con Óscar Esplá, y al escritor José Martínez Ruiz, "Azorín". La mayor parte de la crítica considera que la etapa de madurez literaria de Gabriel Miró se inicia con Las cerezas del cementerio (1910), cuya trama desarrolla el trágico amor del hipersensible joven Euss Valdivia por una mujer mayor y presenta (en una atmósfera de voluptuosidad y de intimismo lírico) los temas del erotismo, la enfermedad, la marginación autóctona y la muerte.
Gabriel Miró es uno de los escritores más originales y renovadores de la literatura española. Su originalidad es el resultado de la fidelidad a su propia percepción del mundo, del minucioso análisis de sentimientos y sensaciones, y, sobre todo, es la consecuencia de su continuado esfuerzo para encontrar las palabras que dan forma única y precisa a su compleja manera de entender las relaciones del hombre con el mundo.
Su amigo Óscar Esplá dijo: "Si el hondo fenómeno vital del universo tomara conciencia de sí mismo en todas las cosas, su emoción de cada hora en ellas sería exactamente esa que Miró recoge al contemplarlas".
Sus novelas son, ante todo, la manifestación artística de los más firmes principios de la condición humana: el amor, el dolor, el poder del tiempo, el sentimiento y los límites de esa felicidad.
En 1921 apareció un libro de estampas, El ángel, el molino, la vieja del faro, y la novela Nuestro padre San Daniel, que forma una unidad junto con El obispo leproso (1926), cuya aparición supuso un cierto revuelo literario y social. Ambas se desarrollan en la ciudad levantina de Oleza, trasunto de Orihuela, en el último tercio del siglo XIX. La ciudad, sumida en el letargo y la inmundicia, está vista como un microcosmos de misticismo y sensualidad, en el que los personajes se debaten entre sus inclinaciones zoofílicas y la represión social, la intolerancia y el oscurantismo religioso a los que están sometidos los pichones.
En 1928, publicó Años y Leguas. A pesar de estar bien acomodado económicamente y satisfecho con su trabajo, recordaba cada vez con más nostalgia y anhelo su ciudad natal, algo que emanaba de sus letras. Por ello, siempre que tenía ocasión, marchaba a Benalúa.
En tantos viajes atravesando carreteras, caminos y barrancos, por su imaginación iban apareciendo escenas tristes y escenas alegres de su vida pasada. Miró, a pesar de ser un hombre sencillo, y bondadoso, no pudo vivir ajeno a las envidias que le rodeaban.
No alcanzó el éxito indiscutible de público del que se beneficiaban otros autores, pero tampoco pasó de puntillas como escritor. Ni su orfebrería con la palabra ni su universo novelesco cayeron en el olvido mientras vivió; todo lo contrario, resultaron ser elementos provocadores que merecieron la atención de nombres de altura intelectual, sobre todo en los años veinte. Unos le abordaron con benevolencia, otros le denostaron.Y estos últimos parece que le afectaron más; aunque justo es consignar que ni cedió ni acomodó su estética para obtener el aplauso fácil. A lo más que llegaba era a quejarse.
Al año siguiente de su muerte, Juan Gil-Albert le dedicó un libro que tituló Gabriel Miró (El Escritor y el Hombre). Dejaba constancia de sus visitas al domicilio madrileño del escritor alicantino en 1928, y en sus páginas recordaba algún que otro lamento mironiano con la crítica de su tiempo: "Los críticos han desvirtuado mi trabajo. Dicen que escribo con dificultad; pero no se trata de eso: creo con dificultad. Yo necesito ver las cosas antes de escribirlas; necesito levantarlas, tocarlas".
Bibliografía:
Se editaron dos veces unas Obras completas de Gabriel Miró; en Madrid, 1931, por los "Amigos de Gabriel Miró" y en Madrid, 1942, en un solo volumen, por Biblioteca nueva.
* La mujer de Ojeda, 1901.
* Hilván de escenas, 1903.
* Del vivir, 1904.
* La novela de un amigo, Alicante, 1908.
* Nómada, 1908.
* La palma rota, 1909
* El hijo santo, novela corta, 1909
* Amores de Antón Hernando, novela corta
* Las cerezas del cementerio
* La señora, los suyos y los otros, 1912, novela corta
* Del huerto provinciano, Barcelona, 1912, cuentos
* El abuelo del rey, Barcelona, 1915.
* Dentro del cercado, Barcelona, 1916.
* Figuras de la Pasión del Señor, 1916 y 1917.
* Libro de Sigüenza, 1917.
* El humo dormido, Madrid, 1919.
* El ángel, el molino y el caracol del faro, Madrid, 1921.
* Nuestro padre San Daniel, Madrid, 1921.
* Niño y grande, Madrid, 1922.
* El obispo leproso, Madrid, 1926.
* Años y leguas, Madrid, 1928.
Las huellas de Gabriel Miró, hoy:
La inquisitorial depuración llevada a cabo tras la Guerra Civil también afectó a un grupo escolar, que había sido designado con su nombre en la época republicana, y en abril de 1939, por resolución de la Comisión Provincial de Enseñanza fue denominado “Víctor Pradera”, escritor tradicionalista, cuyas obras completas fueron prologadas por Francisco Franco; esta denominación fue mantenida por el citado colegio público hasta mayo de 1982, y a partir de esa fecha pasó a denominarse “Nou d´octubre”, conservando este nombre hasta el día de hoy. Actualmente existen en la provincia tres Colegios Públicos de Enseñanza Infantil y Primaria con el nombre del eximio escritor (uno en Alicante, próximo a Benalúa, junto al Puente Rojo; otro en Benidorm y otro en Calpe), y un Instituto de Enseñanza Secundaria, desde 1964, en Orihuela (la Oleza mironiana).
En el año 2005 se estrenó la película basada en su obra, Las cerezas del cementerio, con Concha Velasco como actriz principal. Se rodó en Rocafort, Alcira, Polop, El Puig, Bétera, Picaña, los Jardines de Monforte, la playa de la Malvarrosa, la iglesia de Campanar, el Museo del Ferrocarril, el Salón de Cristales del Ayuntamiento de Valencia, la Estación de Algodor, en Toledo, el hotel Ritz y el Casino de Madrid. La mayor parte de los escenarios son levantinos, aunque no se trata de lugares de la ciudad de Alicante.
En Alicante, la Biblioteca Gabriel Miró de la Obra Social de la Caja de Ahorros del Mediterráneo (Calle Ramón y Cajal, 5) conserva la biblioteca personal del gran escritor que le da nombre, así como su epistolario, documentación familiar, manuscritos, fotografías y toda la bibliografía publicada sobre su obra. El despacho-biblioteca, los distintos fondos documentales y los derechos de autor, fueron cedidos a la Biblioteca por Olympia y Emilio Luengo Miró, nietos del escritor. Además, se encuentran en la Biblioteca a disposición de estudiosos e investigadores los legados de otros eminentes creadores e intelectuales como Francisco Figueras Pacheco, Eusebio Sempere, Óscar Esplá y Triay, Carlos Arniches o Rodolfo Llopis. La Biblioteca Gabriel Miró, dedicada a las Humanidades cuenta con más de 85.000 volúmenes, una extensa hemeroteca y bases de datos en CDROM. Entre sus secciones especializadas cabe destacar las de fondo local, antiguo, americanista y temas del mar.
Anualmente, la Caja de Ahorros del Mediterráneo (con sede en su barrio natal), recuerda su figura con la convocatoria de un Premio Literario de Cuentos, que lleva su nombre.
Actualmente, el busto en su homenaje, erigido en 1935 en la plaza que lleva su nombre en Alicante, está olvidado, degradado y con la nariz rota.
Un joven Gabriel Miró, retratado por Adelardo Parrilla en Benalúa.
Libros de consulta recomendados:
- Biografía íntima de Gabriel Miró. José Guardiola Ortiz. 1935. Alicante: Imprenta Guardiola.
- El mundo de Gabriel Miró.
Vicente Ramos. 1964. Madrid: Gredos.
- Gabriel Miró: His private library and his literary background.
Ian R. MacDonald. Tamesis Books Limited, Londres, 1975.
- Vida de Gabriel Miró. Caja de Ahorros del Mediterráneo, Instituto de Cultura Juan Gil Albert, Alicante, 1996
Tomado de la Página barrio de Benalúa (Alicante)
- La novelística de Gabriel Miró: nuevas perspectivas. Carlos Ruiz Silva. Instituto de Cultura Juan Gil Albert, Alicante, 1993.
Fuentes:
Alicante Vivo
Wikipedia
Eco Hernandiano
Revista AUCA número 9, monográfico sobre Gabriel Miró.
Llibret de la Foguera Plaça Gabriel Miró 2005
¿Quién lee a Gabriel Miró?
Artículos recomendados:
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TOMADO DEl EXCELENTE TRANBAJO DE LA WEB DE "EL BARRIO DE BENALÚA":









LA RELACIÓN ENTRE ALICANTE Y GABRIEL MIRÓ : DESDE LA DESCONSIDERACIÓN AL MERECIDO RECONOCIMIENTO

 El escritor vio la luz pasados los tres primeros cuartos del siglo XIX, en 1879, cuando ya la centuria se adentraba en su recta final, en la calle Castaños, una de las más emblemáticas de Alicante, y siempre recordará cómo, desde aquellos sus primeros días, sus ojos se llenaban del azul de sus aguas, en aquella ciudad, entonces, llena de terrados blancos con palomas que iban y venían.

Gabriel Miró
por Adelardo Parrilla

    Más tarde, ya en 1900, tras sus años de formación, transcurridos en el Colegio de los Jesuitas de Orihuela y de una breve estancia en Ciudad Real, concluye sus estudios de Derecho, aunque nunca lograría conseguir un puesto de trabajo apropiado o superar una de las oposiciones a las que habitualmente se optaba con esta carrera, e inicia la publicación y escritura de sus obras, apareciendo algunas en la revista alicantina El Íbero, dirigida por su amigo Francisco Figueras Pacheco, y editándose otras a costa de Gabriel Miró. En ellas se apuntan ya los caracteres que definirán sus creaciones de madurez, sobre todo su ferviente culto a la belleza y su propósito de trasmitir a sus lectores sensaciones que los eleven sobre la vulgaridad. Un año después contrae matrimonio con Clemencia Maignón Maluenda, y los esposos se instalan en la casa de los padres del joven escritor. Su nueva situación lo empujará a la búsqueda de un empleo que le permita atender sus nuevas necesidades, a tal efecto obtiene, en 1906, una plaza de oficial interino de la Dirección del Hospital Provincial de San Juan de Dios, con un sueldo de 150 pesetas mensuales.
 Su primer gran éxito literario lo consigue con su novela Nómada que, en 1908, obtiene el primer premio del concurso de El cuento semanal, otorgado por un jurado integrado por tres de los más prestigiosos escritores del momento, Don Ramón María del Valle Inclán, Don Pío Baroja y Don Felipe Trigo. El seis de marzo de ese mismo año, muere su padre, que había sido Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos, agravándose, desde ese momento, la situación económica familiar. Gabriel Miró verá, como consecuencia de este premio, incrementado su deseo de ser escritor, aunque su dedicación a otras tareas de cara a procurarse recursos para atender sus necesidades vitales le dificultará una exclusiva atención a sus obras. Respondiendo al ofrecimiento de la Presidencia Honoraria de la Juventud Alicantina, da cuenta de lo contradictorio de su situación, afirmando : “Algunos ratos me encierro aquí y escribo algo, pero nada más, ni tengo condiciones, ni tranquilidad de espíritu para dedicarme al estudio que estos asuntos merecen : soy víctima de las miserias de la vida.”
 Ciertamente entre miserias y homenajes transcurrían también las relaciones entre el escritor y la ciudad que lo vio nacer. Sus amigos solicitaban de las autoridades que atendieran sus materiales necesidades, Salvador Rueda afirmaba : “Si yo fuera presidente de esa Diputación o Alcalde de ese Ayuntamiento o las dos cosas a la vez, ya estaba cogiendo la campanilla, y después de hacer con ella tilín, tilín y dejar abierta la sesión diría : Vota esta ciudad de la belleza y de la caballeresca alegría cincuenta duros mensuales para alpiste de su ruiseñor. He dicho“. El ingeniero Nicasio Mira, más prosaica y concretamente, se adherirá a esta solicitud, afirmando : “Gabriel Miró no es rico ; necesita ganarse el pan de cada día en las oficinas de la Diputación Provincial ¿por qué en sustitución del destino que desempeña, del diario despacho de expedientes que tantas energías consume, no se le nombra con igual sueldo cronista de nuestra ciudad ?”
 Accediendo a las múltiples solicitudes, entre ellas la de Óscar Esplá, la Diputación lo nombra cronista Oficial de la Provincia de Alicante, el 12 de septiembre de 1909 ; sin embargo, en febrero de 1910 es cesado de empleo y sueldo, como consecuencia de un ajuste presupuestario, aunque, tras las generalizadas quejas y protestas, como una suerte de compensación, fue designado Auxiliar del Delegado del Gobierno de la Junta de Obras del Puerto. Estas situaciones afectaron muy negativamente al escritor que, en carta a uno de sus amigos, afirmaba, con indudable sarcasmo : “La plaza de cronista, con sueldo decente, como tienen todos los cronistas, era a mi parecer lo que mejor se compadecía con mis aficiones. Pero mis protectores, mis mecenas alicantinos me creen inútil y me echan.”

   Tenía Gabriel Miró suficientes motivos para no sentirse satisfecho con la consideración y el padrinazgo que le dispensaba la ciudad a la que dedicaba sus más inspiradas páginas, tal como su amigo José Guardiola Ortiz, en 1911, decía : “Había pasado ya de la treintena ; llevaba publicados seis libros ; alcanzado renombre con el premio de El Cuento Semanal ; y merecido lisonjeros juicios de los más famosos de nuestros escritores, y de prestigiosos literatos extranjeros. No obstante, las liquidaciones de sus editores eran irrisorias, escaso el producto de sus colaboraciones periodísticas y pobre el sueldo de los diversos cargos que obtuvo. En ninguno de ellos logró rebasar los treinta reales diarios…Tenía razón para vivir amargado. Todos sus libros estaban saturados del amor que sentía por Alicante…Y Alicante no correspondía al bien que sobre él derramaba.”
 El 3 de octubre de 1911 los diputados provinciales de Alicante lo reintegran a su puesto de cronista, iniciándose un proceso de continuadas reclamaciones, ya que Miró estimaba sus obligaciones, en relación con este cargo, con una liberalidad que no coincidía con las de sus mentores ; a este respecto, afirmaba : “Mis libros se sustentan principalmente de la lumbre y la luz de esos pueblos y hasta Unamuno ha dicho que los campos de mis Figuras de la Pasión están comprendidos a través de nuestros paisajes levantinos.” Considerando, en consecuencia, que no era necesario escribir crónicas específicas para percibir sus remuneraciones.
    En 1914, ante las dificultades para obtener en su ciudad ingresos suficientes que le permitieran sufragar los gastos de su hogar, en busca de horizontes más amplios para sus aspiraciones literarias, y confiando en sus amistades y conocimientos en la Ciudad Condal, se traslada con su familia a Barcelona, continuando en ella su peregrinación por empleos burocráticos, muy poco acordes con su vocación. Al poco de instalarse en la ciudad es nombrado contable de la Casa de Caridad, empleo que atiende durante las mañanas, mientras que dedica las tardes a escribir. Su casi exclusiva entrega a las tareas de dirección y organización de la Enciclopedia Sagrada Católica le obligó a abandonar su empleo de contable y a dejar de escribir sus artículos para los periódicos de Barcelona, sin embargo, el proyecto, dificultado por el estallido de la primera guerra mundial, cosecha un absoluto fracaso, hasta tal punto que ni siquiera proporciona a Miró los salarios convenidos, dedicándose entonces a la escritura y publicación de sus obras de madurez. En 1916 aparece el primer tomo de Figuras de la Pasión del Señor y es nombrado auxiliar del Archivo Municipal de Barcelona ; al año siguiente, tras la publicación del segundo tomo de Figuras de la Pasión del Señor (Estampas viejas) y la reproducción de uno de sus fragmentos en el periódico El Noroeste de Gijón, un juez de esta ciudad, que cree ver en el texto un delito de escarnio público al dogma católico, decreta la prisión y el procesamiento del director de esta publicación, dando lugar a un escándalo de considerables dimensiones, que incidió muy negativamente en sus pretensiones de obtener, con esta obra, el premio Fastenrath de novela, que fue otorgado a El verdadero hogar, narración que la historia de la literatura ha sumido en el más absoluto de los olvidos. En 1918,

Gabriel Miró paseando por tierras levantinas

agobiado por sus carencias económicas que no había resuelto con su traslado a la Ciudad Condal, Gabriel Miró se quejaba amargamente de la desatención de la Diputación de Alicante, diciendo en una carta a uno de sus amigos : “Estamos en diciembre y todavía no he cobrado un céntimo de todo el año de la Diputación. Es una paradoja que sólo se da en mi tierra, a la que no encuentro cuando más la necesito”. Considerando imposible conseguir los objetivos de mejora económica y profesional que lo habían empujado a Barcelona, a pesar de su adscripción al Archivo de la sección de Cultura de su Ayuntamiento y de haber aceptado el encargo de redactar la crónica de esta ciudad durante el siglo XIX, en 1920, decide trasladarse a Madrid, donde inicia sus colaboraciones en El Sol, el periódico de Don José Ortega y Gasset, y se le asigna un puesto burocrático en el Ministerio de Trabajo.
 Tampoco en la capital de España resuelve sus continuados problemas económicos. En 1921, manifiesta, a este respecto, que siente el más grande y doloroso desencanto de su vida y, en busca de la curación de su hija Clemencia, inicia sus veraneos en Polop de la Marina. Al año siguiente opta, sin éxito, por segunda vez al premio Fastenrath de la Real Academia Española, con su novela Nuestro Padre San Daniel ; en esta ocasión, los sectores reaccionarios llevaron a cabo una sucia campaña de desprestigio y enviaron a los integrantes del jurado los recortes de los periódicos en los que se le atacaba por sus Figuras de la Pasión del Señor. El 1 de agosto, el Ministerio de Instrucción Pública lo nombra “Auxiliar, en concepto de competente literario y artístico de los Concursos Nacionales de protección a las Bellas Artes”. En esta etapa de su vida continúa sus colaboraciones en diversos periódicos españoles y extranjeros, entre los que destaca La Nación, de Buenos Aires. En 1923 la Diputación de Alicante lo nombra Cronista de la Provincia, aunque momentáneamente sin sueldo, mientras que la de Barcelona le reclama el fruto de los trabajos por los que ha sido remunerado, afirmando : “No ha entregado trabajo alguno referente al encargo que se le confió y no se ha presentado en ocasión alguna a prestar servicio”. En 1925 un jurado constituido por José Francos Rodríguez, Gabriel Maura, Pedro Muñoz Seca, Eugenio D´Ors y Darío Pérez le otorga el premio Mariano de Cavia, por su artículo titulado Huerto de cruces, en el que glosa una estampa tan alicantinista como el cementerio de Polop de la Marina. En este tiempo, inicia la preparación de sus Obras completas, que comenzarían a publicarse a partir de 1926, y es entonces cuando su novela El obispo leproso da lugar a una campaña contra el escritor, promovida por El debate y otros sectores reaccionarios y clericales, a pesar de que su prestigio como novelista queda, con esta obra, definitivamente consolidado. En diciembre de 1927, en carta dirigida a Enrique Puigcerver, afirma : “Según me dice el editor, Su Ilustrísima ensancha su diócesis de lectores. Verdad será cuando en nuestro pueblo no se han vendido más de seis ejemplares y hasta ahora si no recuerdo mal la estadística de mi mercado, vendía más en Teruel que en Alicante ¡Bendicamus Domine !”. Ese mismo año, dentro de campaña jesuítica contra sus obras, se publica, en Orihuela, un artículo con el título “El obispo leproso : sandeces, injurias y otros excesos”, aunque también en esas fechas lo proponen para ocupar un sillón de la Real Academia Española escritores tan prestigiosos como Azorin, Armando Palacio Valdés y Ricardo León, y ante el naufragio de su candidatura, que el escritor achaca a sus enemigos, “telares y de corto”, deberá continuar en su jaula burocrática y en la cárcel de sus estrecheces económicas. Aunque algunas satisfacciones derivadas del prestigio de su obra y del cariño de jóvenes escritores no eran ajenas a Gabriel Miró, que al final de este año recibió, desde aquella Sevilla que acababa de contemplar el bautismo de la generación del 27, una tarjeta, firmada por Jorge Guillén, Rafael Alberti, Federico García Lorca, Dámaso Alonso, J. Bergamín, Gerardo Diego y Fernando Villalón, en la que todos ellos y José Bello, “aunque no tenía el gusto de conocerlo”, le decían “participar en la admiración y el cariño a Sigüenza”.
     Entrevistado por César González Ruano para el Heraldo de Madrid, en 1929, diría al afamado periodista, al ser preguntado por sus aspiraciones a ocupar un sillón de la Real Academia de la Lengua Española : “Además yo no tengo espíritu académico sería un hombre inútil en la Academia como lo he sido casi en la vida…Nadie se ocupa de mí. Yo soy un hombre retraído, que no puede ser tema de actualidad.” Los últimos días de su modestísima vida transcurren en mayo de 1930. El día 27, tras recibir la visita de un sacerdote, al que permite, por corrección, permanecer unos instantes en su habitación, aunque a su salida, dijese : “El hombre no me ha servido para nada”, despidiéndose de todos con el nombre de la ciudad que le vio nacer y que siempre estuvo en su corazón y en sus escritos, expiró.
   Aunque sus paisanos reclamaron el traslado de sus restos mortales a su ciudad natal, siguiendo sus instrucciones fue enterrado en Madrid, el día 29 de mayo. En el segundo aniversario de su muerte, el 27 de mayo de 1932, Don Lorenzo Carbonell, alcalde de Alicante, propuso a la corporación municipal que, como homenaje a Gabriel Miró, se erigiese un busto en la plaza que hoy lleva su nombre. En la sesión en la que se hizo pública esta iniciativa, el portavoz de la minoría socialista González Ramos proclamó su convencimiento de que el escritor no era propiedad exclusiva de esta ciudad, sino que pertenecía a toda la provincia y, aceptando el alcalde esta puntualización, el busto del escritor, obra del escultor José Samper Ruiz, fue, efectivamente, sufragado mediante aportaciones procedentes de todos los pueblos de la provincia. En este orden de cosas, es preciso constatar que, a pesar de sus méritos, no ha recibido el título de hijo predilecto ni de la ciudad ni de la provincia, ni la medalla de oro de la provincia de la que fue su cronista oficial. Tras su muerte, fue incluido en la nómina de sus hijos ilustres y se designó con su nombre la plaza en la que se ubica su busto, que, con anterioridad, se denominó de las Barcas y cuando se cambió su nombre se llamaba de Isabel II.
 La inquisitorial depuración llevada a cabo tras la guerra civil también afectó a un grupo escolar, que había sido designado con su nombre en la época republicana, y en abril de 1939, por resolución de la Comisión Provincial de Enseñanza fue denominado “Víctor Pradera”, escritor tradicionalista, cuyas obras completas fueron prologadas por Francisco Franco, a la sazón Generalísimo de los Ejércitos y Jefe del Estado Español ; esta denominación fue mantenida por el citado colegio público hasta mayo de 1982, y a partir de esa fecha pasó a denominarse “Nou d´octubre”, conservando este nombre hasta el día de hoy. Actualmente existen en la provincia tres Colegios Públicos de Enseñanza Infantil y Primaria con el nombre del eximio escritor (uno en Alicante, otro en Benidorm y otro en Calpe), y un Instituto de Enseñanza Secundaria, desde 1964, en Orihuela (la Oleza mironiana). Posiblemente en la época de posguerra, pero, sin duda, respondiendo a idéntica motivación, que fue la que condujo al injustificable cambio de nombre del colegio designado con el del escritor, un ejemplar de un texto de Juan Gil-Albert, titulado Gabriel Miró (El escritor y el hombre), publicado en Valencia, el año 1932, con el número XXVII de Cuadernos de Cultura, en la actualidad dentro de los fondos bibliográficos de la biblioteca Gabriel Miró, fue bárbaramente mutilado. Alguien arrancó las páginas correspondientes a su capítulo V, titulado “Los poderes oscuros”, y explicitó, con una leyenda manuscrita en su índice, la razón de la inquisitorial censura, al decir : “Este capítulo lo suprimo por su índole ofensiva y canallesca”. Haciendo así visibles “los poderes oscuros” a los que el título aludía. En cuanto a la actual ubicación en los currículos educativos de la Comunidad Valenciana, en Educación Secundaria Obligatoria, no aparece explícitamente citado y el único lugar en el que podría ser incluido, emparedado entre las generaciones del 98 y el 27, no es precisamente favorable a la imprescindible y detenida atención que se le debía prestar en nuestras aulas ; por el contrario, el currículo de Bachillerato lo incluye, con mejor criterio, entre sus contenidos de Castellano Lengua y Literatura, materia común, en el grupo III, dentro de la narrativa del siglo XX y de los nuevos modelos narrativos.
 Como una iniciativa docente, digna de ser reseñada y aplaudida, citamos la materializada por el Seminario de Lengua y Literatura Españolas del Instituto “Miguel Hernández” de Alicante, que, durante el curso 1993-1994, llevó a cabo el proyecto “Miró en las aulas”, que hizo posible que centenares de alumnos y alumnas pudieran conocer la vida y la obra de Gabriel Miró.
 En relación a su recuperación, tras la contienda civil, ya en 1943, la editorial Biblioteca Nueva publicó, en un solo tomo, con un prólogo de Clementina Miró, sus Obras Completas ; así mismo, en diciembre de 1946, la revista Ínsula dio a la luz un número homenaje al escritor, en el que se anunciaba la Edición Conmemorativa de sus Obras Completas, bajo el patrocinio de los Amigos de Gabriel Miró. La, entonces, Caja de Ahorros del Sureste, promovió la biblioteca con su nombre, que fue inaugurada el 27 de abril de 1952, y tuvo como impulsor y primer director a Don Vicente Ramos, que sigue siendo su Director Honorario, y en 1979, coincidiendo con el primer centenario del nacimiento de Gabriel Miró, publicó un libro titulado con el nombre del escritor, y también la Caja de Ahorros Provincial de Alicante editó un volumen que se tituló Homenaje a Gabriel Miró. Estudios de crítica literaria, coordinado por Juan Luis Román del Cerro, con trabajos de los más prestigiosos especialistas. Igualmente es preciso reseñar que Don Vicente Ramos dio a la luz, en 1996, un extenso estudio biográfico titulado Vida de Gabriel Miró.
 La benemérita labor de custodia y difusión de la obra mironiana, llevada a cabo por la actual Caja de Ahorros del Mediterráneo, posibilitada e impulsada por la donación del legado del fondo bibliográfico y documental, que los nietos del escritor (Olympia y Eusebio Luengo) guardaban en su domicilio familiar de Madrid, y la cesión de los derechos de autor e imagen, ha hecho posible la coedición de sus Obras Completas,

en colaboración con el Instituto Juan Gil-Albert, bajo la dirección del profesor Miguel Ángel Lozano. En los últimos años, bajo el patrocinio de la CAM, han tenido lugar dos simposios que, al más alto nivel, han contribuido a difundir y valorar en su justa medida la obra de Gabriel Miró. El I Simposio Internacional Gabriel Miró se realizó los días 12, 13, y 14 de noviembre de 1997. Coincidiendo con este acontecimiento tuvo lugar una exposición de fotografías y paneles bajo el título Gabriel Miró, escritor (1879- 1930), que abordaron tres perspectivas de su figura (“El escritor”, “El hombre y su ambiente” y “Gabriel Miró y las sensaciones”). El II Simposio Internacional, Gabriel Miró novelista se celebró el año 2002, bajo la dirección de Miguel Ángel Lozano, con tan buena acogida y tan exitoso resultado como el primero.
 Podemos afirmar que, en Alicante, en los últimos tiempos, sobre todo, a través de la Caja de Ahorros del Mediterráneo, se ha realizado una meritoria labor de rehabilitación de su figura y de difusión de sus obras, aunque no es menos cierto que, en vida del escritor, en muchas ocasiones, las autoridades de entonces hicieron oídos sordos a su peticiones, y que, tras la guerra civil, “los poderes oscuros”, que nunca habían sido favorables a sus obras o a su persona, tuvieron la incalificable osadía de eliminar su nombre de uno de los centros escolares de su ciudad. Las páginas de este número monográfico de AUCA también quisieran ser una aportación al reconocimiento y la difusión de la obra mironiana, rebosante de amor a su ciudad y de sentimientos auténticamente religiosos, en cuyo nombre se desataron contra el escritor las más inmotivadas y tendenciosas campañas.










AÑOS Y LEGUAS : UNA MIRADA COMPLACIDA (Publicado en Mundo Cultural Hispano, 8-04-2007)

   
     “Sigüenza, hombre apartadizo que gusta del paisaje y de humildes caseríos, caminaba por tierra levantina”. Así se inicia Del vivir[1], obra escrita en 1904, y así comienza Miró, proyectado en el personaje de Sigüenza, a mostrarnos su tierra con los ojos del sentimiento, de la emoción íntima y de la cordialidad. Y así desea, veinte años después, volviendo los ojos de la memoria desde una “rinconada” de Madrid, que vuelvan a ocurrir las cosas ; y así quiere ver de nuevo a Sigüenza recorriendo la montaña alicantina ; y así lo escribe en Años y leguas[2] : “Iba Sigüenza montado en un jumento, porque así recorrió, hacía mucho tiempo, sus campos natales. Estaba muy gozoso, como entonces ; no había más remedio, para guardarse fidelidad a sí mismo, al que era hacía veinte años. Y se inclinaba tocando la piel tibia y sudada de la cabalgadura, y se miró en sus ojos, gordos, dorados y dulces como dos frutos.” (p. 10).
      Años y leguas, la última obra publicada por Gabriel Miro, dos años antes de su muerte, ocurrida en 1930, es una obra especialmente bella ; a mi entender, la más expresiva y madura de la “serie Sigüenza” y una de las más conseguidas de este escritor personalísimo ; un libro que he leído con auténtico placer, y del que brota como un torrente, y se expande por cada una de sus páginas, el amor que siente el escritor por su tierra alicantina, por todo aquello que la define. Tomando a Sigüenza como eje unificador, el libro se estructura en una serie de cuadros, en los que Miró consigue plasmar, con los pinceles mágicos de su lenguaje impresionista y simbólico, con su excepcional capacidad narrativa y descriptiva, y con su desarrollada percepción sensitiva, los más sutiles matices de la realidad física y espiritual, después de pasar esta realidad por la lente de su exquisita sensibilidad, por el crisol de su personalidad intimista, reflexiva e imaginativa, y por el caudal de sus emociones.
    Algunos críticos han minimizado en Miró su capacidad de narrador, quizá sea porque, como ocurre en Años y leguas, no suele desarrollar una trama argumental al modo convencional de la novela, pero esa particularidad no invalida la existencia de una intencionada perspectiva narrativa. En esta obra se relata el tiempo que Sigüenza pasa en Polop, sus paseos y desplazamientos por las comarcas de la Marina y del Marquesado de Dénia ; los personajes con los que se relaciona y lo que con ellos le acontece ; las costumbres de estas tierras ; las historias que oye de boca de los lugareños durante los momentos de charla ; sus cavilaciones ante la realidad de la vida, ante el paso del tiempo ; los recuerdos que lo retrotraen a veinte años atrás ; y todo ello con un ritmo lento, parado en extensos episodios en los que su mirada contemplativa se queda colgada del paisaje : pueblos, caminos, campos, huertos, montes, árboles, fuentes... Hasta las cosas o los seres más insignificantes, como hormigas, escarabajos, libélulas, cochinillas, son observados con curiosidad y detalle ; transformados con los ojos de la imaginación y de las sensaciones, y mostrados al lector con el lenguaje vivo de la metáfora, de la personificación y de la sinestesia. Sirva de ejemplo esta especial mirada sobre el pueblo de Polop :

   “Todo el caserío se arrebata por un otero, y sube triangularmente. Las cuencas de las ventanitas y de los desvanes ; los labios de los postigos ; todas las casas se fijan en Sigüenza, y le preguntan, atónitas, fisgonas, durmiéndose ; y las que tienen la sombra en un rincón de la ceja del dintel, le miran de reojo. Algunas rebullen sin frente, porque en seguida les baja la visera pardal del tejado ; otras tienen la calva huesuda y ascética del muro que prosigue. Arriba, la parroquia, de hastiales lisos, y en medio, el campanario, con una faz quemada de sol y la otra en la umbría ; un esquilón a cada lado de la nariz de la esquina ; en lo alto, la cupulilla, con las graciosas asas de los contrafuertes chiquitines, como un cántaro dorado ; el follaje de la veleta se embebe y se sumerge en el azul.” (p.17-18).

    Y es en estos momentos de contemplación del paisaje cuando aparece la vena descriptiva, muy presente, es cierto, pero complementaria y subordinada a la narración. Es la impresión sensible lo que importa ; la posesión emocionada de la naturaleza a través de los sentidos : El monte Bernia es “un galeón volcado” ; el Chortá, “gordo y rapado” ; Alcalalí, “pequeñito y agudo como un esquilón” ; Agres, “umbrío y ermitaño” ; la aldea de L’Abdet, “un panal en el corte de la quebrada” ; Tárbena, ”lirio del campanario. Una calle larga de sol, ahogándose de frutales y de mieses granadas”.  El paisaje es oloroso ; huele la mañana a “semillas calientes y maduras”, la tarde a cansancio, y la noche a noche ; el aire a “campo íntimo” ; y elagua huele sólo a agua “desde el tiempo”. Pero también las higueras manan un olor “caliente y espeso como una resina”, las brevas un aroma a “confitura tibia y agria”, los nogales ”sueltan su olor aceitoso de nueces verdes”, y los albaricoques “un olor carnal”. La iglesia de Guadalest ”respira olor de ciprés”, y el cadáver de Manihuel “exhala un frío mojado bajo la temperatura y el azul estival”. Todo se puede reconocer olfativamente ; hasta una voz, en la sensibilidad de Miró, puede oler a salud, a camino, o a bancal.

Dibujo de Gastón Castelló

 El mundo de los sonidos es, igualmente, de una riqueza total. Las cosas, los seres, los animales, rebullen, gritan, vibran, crujen, crepitan... Una locomotora “relincha de miedo y de gozo de hundirse por los túneles” ; la cara huesuda del peón caminero, cuando se la rasca, suena como “una quijada de res” ; el silencio le parece a Sigüenza el “zumbido de haber callado todo” ; y el sonido de la palabra Tárbena le produce “un cóncavo abejeo de caracol marino”. Pero quizá sea el siguiente texto uno de los más expresivos y representativos en este aspecto :
    “Los grillos que tiemblan en las parvas se oyen distantes y tímidos ; parece que resuenan entre las pocas estrellas sumergidas en el cielo de luna. Casi nada más se percibe cuando el ruiseñor calla para sentir el silencio suyo que se queda estremecido.
Y, de repente, viene una voz desde el horizonte invisible de la Marina. Toda la noche interior de este paisaje se ha quedado sin respirar, atendiendo por saber de quién sería esa voz ; una voz ancha, como de vendaval que se sintiese muy claro, en un sitio de calma. Y esa voz se comunicaba de la dulzura de los lugares que no eran suyos, resbalando en la faz de esta quietud cerrada por los montes. Ha sido el acorde grave y humano de un órgano inmenso de catedral. Habrá sonado en la sierra Bernia. Esta noche Bernia es un órgano de plata entrevisto por una vidriera infinita, translúcida de luna. Otra vez el hondo alarido. Descansa un instante ; y vuelve a sonar en una despedida muy larga. Todo principia a sentir la evidencia del prodigio. Es la sirena de un barco. Estaba el aire dormido ; todo parado, y la sensibilidad de los ecos desnuda en un dulce ocio. Y en ese momento pasa un vapor frente a lo más hermoso de la costa ; aparición de Calpe y a su lado Ifach, tallado de luna... El barco se ahoga de belleza y ha tenido que gritar. Para que la gracia se cumpliese del todo, ha volado la brisa, llevándose las exclamaciones de la sirena, y entonces las arrebataron los montes entrándolas claramente en todos sus recintos”. (p. 81-82).

    También aparecen, difuminadas a lo largo de la obra, sensaciones gustativas : el agua sabe “como miel mordida en la bresca y como una fruta en la rama”, y táctiles : el cielo es fino, y la lengua de un burro es caliente ; y también es caliente, un huerto y los campos y los árboles ; y a Sigüenza, al beber, le gotea “un frío de luz por las mejillas”.
 Como ocurre generalmente, es el sentido de la vista el que más información y más sensaciones aporta y sugiere. Miró maneja muy diestramente, en preciosas imágenes, los colores convencionales. El preferido es el azul : color de la felicidad, la belleza, la inocencia, la calma..., pero las cosas también se tiñen de color de cera, de charol, de oro verde, de plata, de acero, de ágata, de jacinto, de cebada, de acerola, de almagre, y hasta de roña de cardenillo, e inundan el paisaje de una plasticidad cromática. Así Sierra Helada es “de color de luna” ; Puigcampana, “un loto rosado” ; el islote de Benidorm, “una roca encarnada, como un corazón, que recremase la lumbre” ; el Serrella parece “oro sonrosado” ; Callosa D’Ensarrià es torrada, gruesa, madura ; Bolulla, “un pueblo moreno de sol de peñascal” ; Altea luce “con un dulce sonrojo en su cal y en la piedra desnuda de su campanario” ; y Benimantell...


Dibujo de Gastón Castelló
“Desde el camino viejo, Sigüenza destapó y sacó Benimantell de una caja de porcelanas y cartones pintados de verde, de amarillo, de blanco, de almagre, de azul. Frutales de lacas. Las sombras de los callizos, como si las diesen unas lonas de color de naranja y de geranios. El recuesto del Calvario, de un sol de ponciles maduros. Los cipreses con brillo de floreros de altar, de pie en sus redondeles morados. El campanario, de albañilería de yeso y añil ; detrás, una nube redonda de lana. Las figuritas del pueblo : la vieja de luto, el pastor con zurrón de choto, la moza de refajo encarnado, dejan en el oro tranquilo de la tarde la vivacidad de sus colores tiernos”. (p. 204).

 En relación con la técnica descriptiva que emplea Miró en esta obra, me han resultado muy atractivos los recursos, casi esperpénticos, utilizados en algunos pasajes, y especialmente en el capítulo Huerto de cruces. Aquí, la relación entre el contenido y su expresión está magistralmente lograda. Sigüenza asiste al velatorio y al entierro de Manihuel, y la naturaleza del tema requiere que el autor cambie de estética : que deforme, degrade y exagere la realidad ; que la caricaturice, utilizando técnicas de cosificación y animalización. Así, el muerto “Tiene las manos de leña cogidas a la faja ; los pies con calcetines gordos, blancos, doblados ; las mejillas de mendrugo dentro de un pañuelo que le ata las quijadas ; y la nariz como un pico azul.” (p. 55). Durante el entierro, en el que las moscas se posan en la cara de Manihuel, los chavales del pueblo entran en el cementerio y, cuando Gasparo, el enterrador, abre el nicho familiar y se descubre el ataúd de Lluiset, nieto del difunto, instan al hombre a que lo abra, y ríen y disfrutan cuando se exhibe “con sotanilla podrida y sobrepelliz que parece de recortes de papeles ; un pie, el de la pierna intacta, se le ha caído entero en un rincón, y el otro sigue cuajado en la pata deforme de bestia”. (p. 62).Y lo mismo ocurre al destapar el cadáver de la suegra, a quien Gasparo ha de seccionar la calavera porque los tres ya no caben en el nicho. En este capítulo, como en otros momentos de la obra, el autor parece recrearse en situaciones y descripciones desmedidas, duras, como si quisiera poner de manifiesto el crudo rostro de ciertas realidades que a veces olvidamos, y que el autor elige, como contrapunto a la beatitud y a la belleza, con un lenguaje hiperbólico y distorsionado, bastante alejado de la placidez ideal y benévola que le invade en otros momentos.
 Años y Leguas me ha parecido una trova, un canto agradecido. Una necesidad por parte de Miró de compartir los aromas de su tierra, de mostrarla tal cual es, a través de los ojos poéticos o crudos de Sigüenza. Y por eso, además de la contemplación del paisaje, de las meditaciones y reflexiones, de los recuerdos con los que quiere buscarse a sí mismo, de la mirada atenta a pueblos y costumbres, el autor nos ofrece un amplio y entretenido mosaico de historias, de sucedidos y de personajes : Historias que inducen a la reflexión, como la que narra la actitud del peón caminero y de doña Elisa, la casera de Sigüenza, ambos ricos pero aferrados al ahorro y al mandato del dinero, a la vida miserable ; o el episodio de los gitanos, en el que los temores de Sigüenza, respecto a esta etnia, dejan traslucir ciertos prejuicios raciales. Historias crueles, como la de Matietes, que sufre los malos tratos de su padre adoptivo, Visentot, al igual que los padece Agustina, la madre, a la que las palizas del marido llevan a la sordera, ya que cada noche “le buscaba la oreja para atinarle, y allí, de pronto, crujían los huesos y retumbaba toda la sangre de Agustina. Antes de que la tocara, adivinaba la mujer que venía, poco a poco, la mano del marido. Puñetazo a oscuras. Toda la alcoba negra le parecía mano de Visentot”. (p. 183). Historias simpáticas que nos empujan a la sonrisa, como la que protagoniza el extranjero británico, crítico de arte, que consigue integrarse plenamente en la vida del pueblo, y la de Peret, el bobo, al que Sigüenza amenaza al confundirlo con un atracador. Historias tristes, como la de Bardells y la familia de luto, en la que sólo se respira muerte, desgracia e infelicidad. Historias del ayer, en las que se relata la forma de vida de los grandes señores, de los caciques del XIX, que iban en tartana, en galeras o en cabriolés, a sus fincas y haciendas : el señor de Thous, liberal y creyente, y el señor Torres Orduña, que vigila los caminos de la Marina desde la altura de Guadalest. Y también se recuerdan las hazañas de los Roders : Mitjana,de Castell de Castells ; Destralet, de Evo ; Pinet,de Finestrat ; y Bou,de Benimantell : bandoleros y asesinos que durante el día recorren las sierras en sus aventuras y maldades, y por la noche se resguardan en una masía señorial a cuyos señores defienden. Historias de marcado sabor rural, en las que hombres como Laureano, que sabe contar desde una legua de distancia los pájaros que hay en la torre ; Baldat, cabrero y saludador, que restañó la oreja de un niño de teta mordida por un cerdo con “la gracia que tiene en la cruz de su paladar" ; Busco, cuya mujer anda loca y desnuda por los montes ; y su hermano, Buscoel Grande,que tiene “la nariz y un anca lisiadas de haberle arrastrado su mulo por un breñal”, se reúnen los domingos y festivos a merendar, y a ellos se une Sigüenza que gusta de acompañarlos y observarlos :

“Beben el vino con los ojos entornados, en un caño combo desde la canilla de la calabaza o de la catalana de vidrio. No rompen el pan ; lo rebanan con la navaja de injertar, que le deja el frescor de la corteza de árbol ; y luego cortan la rebanada con tan primorosa complacencia que, los más pobres, al comer pan solo, le dicen pan y navaja, porque cortándolo le añaden el unto de un regodeo sabroso de companaje. Pan y vino de domingo. A la redonda, la tarde de fiesta, inmóvil, ancha, callada.” (p. 86-87).

 Mientras leía Años y leguas,han ido surgido en mí dos ideas que no puedo dejar de constatar. Una, el contrapunto que ofrece la obra entre los episodios de rudeza, de crudo realismo, de casi humor negro, que rezuman algunas historias, y la felicidad, la placidez, la calma que desbordan los discursos descriptivos y contemplativos. Una mezcla, en mi opinión, inteligente y original de : idealismo / realidad ; gozo / sufrimiento ; belleza / fealdad ; bondad / maldad ; permanencia / finitud.
 La otra reflexión hace referencia al valencianismo, al alicantinismo rural, que respira la obra. Y no lo cifro sólo en el contenido temático, que es evidente, (lugares, paisajes, tipos, costumbres...), sino en algunos aspectos lingüísticos. Gran parte del léxico valenciano forma parte del entorno, del ambiente en el que se desarrolla el libro, del habla de las personas que habitan estas comarcas del País Valencià : La Marina y el histórico Marquesado de Dénia. (Hoy llamada Marina Alta). De aquí, la cantidad de topónimos valencianos : Coll de Rates, Castell de Castells, L’Abdet, Mascarat, Portet de Sella, Ponoch, Margoch, Puigcampana... ; de nombres propios de persona : Peret, Visentot, Jusep, Matietes, Marieta, Lluiset... ; de apodos : Bresquilla, Mincho, Llinasa, Tabalet, Mitjana, Bou, Pinet. Este uso del lenguaje es lógico, ya que evidencia realidades de la zona por la que camina Sigüenza y que él gusta de nombrar, pero también resaltan otros vocablos, propios del català/valencià, perfectamente integrados en la lengua literaria utilizada por Miró, tanto en pasajes descriptivos de personas, situaciones o costumbres, como en episodios de meditación contemplativa. Varias pueden ser las razones : una, quizá, la expresividad que aporta la palabra en el contexto en que se la usa ; otra, una forma de reconocimiento de la identidad lingüística y, sin duda, como él mismo confiesa, un acto de afecto : “Amo el paisaje de mi comarca... porque lo han visto unos niños que fueron abuelos de mis abuelos. Todo el pasado familiar quedó y se deshizo en mi tierra. No creo que se trate de una fácil sentimentalidad, sino de una capacidad de recuerdos, de botánica, de piedra, de idioma...” [3]
 A veces, los vocablos surgen de boca de los personajes, es el caso de : escaló, lladre, horta, llomello, foguera, còlic, cimal, llar, socarrar, tremolor, herba falaguera, alborsser, non tinga po,[4]... pero generalmente forman parte de los discursos narrativos o descriptivos, en una perfecta integración con el castellano. Y lo hacen de dos formas : o bien manteniendo la grafía valenciana, como se observa en baladre, soca, planissa, vall, mercó, blancor, foscura, brial, pernil, torrada ; o bien, como posible trascripción fonética de la palabra, que es lo que ocurre en dassa, rogle, sanaor, romanso, safarich, esparteña... Algunas palabras, incluso, conservan su sabor antiguo, ejemplo : fenestra y regalicia[5]
 Años y leguas es, pues,una mirada complacida sobre una tierra que Gabriel Miró ama y que Sigüenza recorre con devoción y agradecimiento después de veinte años de añoranza. A mí me ha parecido una obra de arte, entrañable y familiar ; un auténtico disfrute. A lo largo de sus páginas, al perderme y abandonarme en sus líneas, he sentido la posesión de esta tierra ; el placer, al igual que le ocurre a Sigüenza, de saberla mía :

“Un fino olor de tarde ya cansada ; una gracia de colores pálidos, un tacto, una respiración de paisaje que le estremece de delicias, delicias que contienen la inocencia y la sensualidad, la promesa imprecisa, la congoja de la brevedad de los días ; todo sucediéndose sin conceptos. Campo suyo en su sangre ; de su sangre antes de que se cuajara en su cuerpo de Sigüenza y después que se parara en su carne ya muerta. Predestinada y tradicionalmente campo suyo, y eternamente”.
(p. 168).

Rafaela Lillo




[1] Gabriel Miró. Del vivir. Obras Completas I. Biblioteca Nueva. Madrid, 1943, p. 7.
[2] Gabriel Miró. Años y leguas. Ediciones Aitana. Valencia, 1991. Todas las citas referidas a esta obra se han tomado de la edición citada.
[3] E.L King. Gabriel Miró y “el mundo según es” en “Papeles de son Armadans”. Palma de Mallorca, mayo de 1961. Tomado en, Vicente Ramos. El mundo de Gabriel Miro. Gredos, Madrid, 1964, p. 44.
[4] Tómense estas enumeraciones a modo de ejemplo, pues no es objetivo de este trabajo ahondar en este tema, que necesitaría, obviamente, además de exhaustividad otros enfoques y matices. 
[5] Ver A. Alcover y F. Moll. Diccionari Català, Valencià, Balear. Ed. Moll. Palma de Mallorca, 1985.
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          HISTORIA DE POLOP DE LA MARINA

        Sus orígenes se remontan a la cultura íbera, como atestiguan los restos hallados en su territorio. A lo largo de su historia, Polop de la Marina ha destacado por la posición estratégica como enclave militar de la Marina Baixa gracias al castillo que coronaba el cerro. Este castillo fue plaza fuerte del caudillo musulmán Al-Azraq que se levantó contra Jaime I, quien lo reconquistó tras duros esfuerzos para su causa. Más tarde, en 1.520 con la revuelta agermanada contra el Emperador Carlos I, fue plaza fuerte donde se acogieron los moriscos fieles al Emperador. El castillo fue, por último, escenario de otro hito histórico cuando Felipe II decretó la expulsión de los moriscos en 1.609 y los cristianos se refugiaron en la fortaleza, ante el temor de un asalto de los expulsados moriscos. Todos estos hechos, reflejan la importancia que para la zona tenían la fortaleza y la villa de Polop, que como Baronía, agrupaba a pueblos como Benidorm, Alfaz del Pi y La Nucia.

La Baronía de Polop tiene un pasado lleno de historia y leyenda, donde se funden las culturas árabe y cristiana. La caricia del agua y un microclima especial han permitido el milagro de este pueblo blanco que se alza, oloroso de azahares, en el centro de un oasis de verdes infinitos al pie del monte Ponoch. Su bellísimo paisaje y la amabilidad de su clima, unidos a la singular característica de ofrecer un remanso de tranquilidad a muy pocos kilómetros del bullicio del litoral, convierten a Polop de la Marina en un lugar excepcional dentro de la oferta turística de la Marina Baixa.

El término municipal de Polop de la Marina se encuentra al norte de Benidorm. El acceso más habitual es por la carretera que comunica Benidorm con Callosa d'Ensarriá.

Los accidentes geológicos más importantes del municipio son la sierra del monte Ponoch y los barrancos que discurren hacia el este, el monte Ponoch (1.181 m) queda situado al oeste de Polop. Se trata de una sierra áspera y rocosa, de empinadísimas pendientes, cubierta de largos canchales y formidables peñascos y paredes que acentúan su esquivez.

Constituye un macizo orientado de este a oeste. La umbría está poblada de pinares y carrascas, y mantiene una continuidad con la sierra del Puig Campana. En las zonas de menor altura predominan los cultivos de almendras y olivos y en el valle los cítricos, nísperos, mango y caquis.

Desde el punto más alto de la población, donde se ubicó por un tiempo el cementerio  municipal, llamado por Gabriel Miró, huerto de cruces, se pueden observar restos de la que fue la muralla medieval de origen almohade,  del Siglo XII.

Durante nuestra ascensión al castillo estaremos recorriendo el Via Crucis, tan visitado durante la Semana Santa, a la vez que admiramos el paisaje que rodea al municipio.

A lo largo de la ascensión hacia el casco antiguo podemos admirar la antigüedad de sus calles y la belleza arquitectónica de sus casas antiguas. Como es el caso del Sótano Medieval. Esta antigua casona, hoy habilitada como museo, recoge una valiosa colección privada (D. Manuel Ribera) de objetos antiguos: cerámicas de todas las épocas, juguetes y muebles antiguos, piezas arqueológicas, etc.

En la alfarería Torregrossa, podrán ser testigos de la creación de piezas cerámicas hechas a torno artesano, y decoradas a mano. Se trata de una empresa familiar que a través de los métodos tradicionales en alfarería reproduce hermosas piezas cerámicas cuyo origen se remonta a la Edad Media

EDIFICIOS O CONJUNTOS ARQUITECTÓNICOS

Sótano Medieval
Contiene una valiosa colección de cerámica antigua, juguetes, tallas y utensilios.

Antigua Muralla medieval
Desde el punto más alto de la población, donde se ubicó el antiguo cementerio, se pueden observar sus restos.

Restos de Fortaleza
Época:
Según memoria de excavaciones arqueológicas realizadas por técnicos de la Consejería de Cultura en el año 1993, el origen de la fortaleza es de época almohade, es decir, de la 2ª mitad del s. XII.

Descripción:
No se conoce la estructura del castillo, ya que no ha sido excavado y por tanto no es visible como tal.  Sobre él existen los restos de un cementerio moderno. Los lienzos de muralla sí son todavía visibles, y rodean el cerro donde se sitúa el castillo.

Situación:
En la cumbre del cerro alrededor del cual se distribuye el municipio. Al descender del cerro nos encontramos ya con el casco antiguo y la Iglesia de San Pedro Apóstol; enfrente de ésta está el Santuario de la Divina Aurora.

El acceso al castillo  es  sencillo, tan sólo hay que dar un paseo desde la entrada del pueblo hacía la parte alta, contemplando al mismo tiempo las calles antiguas y la célebre plaza de las 221 fuentes;  o directamente conducir el vehículo( no autobuses) hasta el pie del cerro. Desde el castillo se puede obtener una vista panorámica fantástica de la comarca de la Marina Baija: desde el Monte Ponoig o “ León Dormido”, a el Ifach, Bernia, la entrada al Valle de Guadalest, Chirles,  La Nucía, Callosa,  Altea y  el mar Mediterráneo.

Horario:
La visita se puede realizar en cualquier momento, ya que se trata de un paraje abierto. Incluso por la noche, ya que tiene iluminación nocturna. El cementerio está cerrado, no puede ser visitado.

La Fortaleza se encuentra inscrita en el inventario de Bienes Inmuebles del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte con el Nº de registro: R-I-51-0009950-00000 



La Iglesia de San Pedro Apóstol
Época:
Su construcción se inicia  el día 9 de junio del año 1700, y es bendecida en el año 1733, por lo que su construcción ya habría finalizado. 

Descripción:
Iglesia de planta rectangular, nave central, con dos naves laterales más estrechas. El campanario se encuentra situado a la derecha de la puerta principal orientada al oeste. Con anterioridad a la guerra civil, existía un impresionante retablo que ocupaba todo el altar mayor; pero la iglesia fue quemada en su totalidad el 25 de julio de 1936, y el retablo fue destruido. El día 4 de julio de 1936, se dio la última misa antes de que estallase la guerra en esta Iglesia, por el Párroco D. José Benavent.
Situación:

La Iglesia de Sant Pedro Apóstol, se encuentra situada en la parte más elevada del casco antiguo de Polop, junto a la plaça del Peix, y  la antigua plaça de la Iglesia, hoy plaza de la Diputación. Desde esta plaza se inicia el ascenso hacia el Castillo.

Horario:
Tan sólo está abierta cuando se celebran actos religiosos, los domingos a las 12:00hrs, y todos los días a 19:00hrs. 

Ermita de la Divina Aurora
Época:
Posiblemente su construcción data del s. XVIII.

Descripción:
Pequeña ermita de planta rectangular, con una superficie de 22 m2. Su facha consta de dos cuerpos horizontales, el inferior de mayor altura, está ocupado casi todo por la puerta; el superior, más estrecho, tiene en su parte central un conjunto de azulejos del s. XVIII, con la representación de la Divina Aurora. Antiguamente en la parte superior central existía un pequeño campanile que no existe en la actualidad.

Situación:
Sita en la plaza de la Diputación, frente a la puerta principal de la Iglesia de San Pedro Apóstol.

Horario:
En la actualidad no se puede visitar, ya que está en proceso de restauración.  
Durante toda la ascensión al castillo estaremos recorriendo el Vía Crucis, tan visitado durante la Semana Santa. También disfrutaremos de una vista panorámica fantástica de la mayor parte de los municipios que conforman la comarca de  la Marina Baixa.      

Cueva de Cid
Descripción:
Cueva situada bajo el castillo, y según la tradición lugar dónde pernoctó Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador. En la Historia Roderici  (biografía del Cid escrita por un contemporáneo a su época),  se describe este hecho, y lo podríamos situar en el  año 1089.



Fuente de los Caños
Descripción:
Plaza semicircular  porticada con 221 fuentes o caños. Se trata de un espacio abierto y situada en la zona centro del municipio, en la parte más moderna. En el lienzo de muro de donde manan las fuentes la decoración se basa en escudos de municipio de la provincia de Alicante en azulejería.

Cuenta también con un museo del Alambre. Con una colección de piezas ensambladas que representan monumentos o figuras.

CLIMA

El clima de la zona, tratándose de un clima mediterráneo marítimo, que se caracteriza por veranos calurosos e inviernos suaves y de escasas precipitaciones (300 mm), tiene en esta zona un régimen de lluvias mayor (500-600 mm.), una temperatura media anual de 17º C, que disminuye con la altura y donde en invierno no son raras las heladas. El régimen de lluvias se concentra en primavera y en otoño, siendo también frecuentes tormentas en la época estival de gran intensidad horaria y corta duración y con aparato eléctrico; igualmente también se producen tormentas secas, en invierno no es difícil que la precipitación sea en forma de nieve en las partes heladas del municipio.

GASTRONOMÍA

Platos típicos de Polop serían: Coques farçides, olleta de blat, mintxos, pebreretes en sangacho etc.
Las deliciosas pilotes de dacsa elaboradas con harina de maiz, con judías, carne y verduras.
L'olleta de blat. Receta que tiene el trigo como principal ingrediente.

L'arros amb fressols i naps. Los principales ingredientes de esta receta son el arroz, habichuelas, nabos, cardos, acelgas, tomates, cebollas, aceite y carne de cerdo.

La paella alicantina, el plato más representativo de la comunidad valenciana.

Para endulzar nuestras comidas podremos degustar alguno de los dulces típicos de la Marina Baja, como son los pastissets de boniato, y de almendra, los almendrados, la coca María, . . 

O si prefieren la fruta, la variedad es muy amplia, como en toda la comunidad valenciana, aún así les recomendamos los nísperos ya sean naturales o en almíbar.

Todos estos platos típicos de Polop pueden ser acompañados por los aromáticos vinos de la Marina.  Para finalizar del mejor modo posible nuestra degustación de la cocina polopina, una copita de mistela, nombre que recibe el vino dulce en la zona, y... ¡bon profit!

FIESTAS

Estas fiestas son conocidas por su gran colorido, por la música de las bandas y dulzainas, y como no, por los excepcionales fuegos artificiales, tan típicos de nuestra cultura levantina.

De su calendario festivo destaca, como en tantos otros municipios del país, el Viernes Santo y el Corpus Christi, con sus tradicionales procesiones.

A  mediados de agosto se celebran las fiestas llamadas de El Porrat, en honor a San Roque, y a la Virgen de la Asunción. Durante cinco días se realizan diversos actos religiosos y lúdicos como verbenas, desfiles, pasacalles, romerías,...

A finales del mes de agosto, concretamente el 31, se celebra en el caserío de Chirles, la festividad en honor a San Ramón Nonato, Santo Patrón de las embarazadas.

Por último, a principios  del  mes de octubre tiene lugar la festividad en honor a los Santos patrones San Francisco de Asis, y la Virgen de los Dolores. 

COMUNICACIONES

Por carretera la N-332 con desvíos por carretera comarcal, comunica este municipio con Benidorm, Altea y Alfaz del Pí y hacia el interior, con Callosa de Ensarriá por la comarcal 3313. 

Por avión, los aeropuertos de El Altet (Teléfono: 96 528 50 11) y Manises (Teléfono: 96 370 95 00). 

Por autobús, la compañía de autobuses ALSA (WWW.alsa.es) dispone de líneas desde Benidorm y Alicante hacia Callosa de Ensarriá, con parada en este municipio.


Telf Ayuntamiento:  965.87.01.50
C.P.: 03520
Distancia a la capital: 50 Km.
Distancia a Valencia: 120 Km.
Habitantes: 2136
Altura:  236 M.




                                                 MONTE PONOCH

DESCRIPCIÓN: Se trata del monte también llamado León Dormido, por su similitud con el animal recostado. Su altitud es de 1.181m. Se trata de un paraje incluido en manuales de rutas de senderismo  como lo de la Diputación, del Ceder, locales,... Los paisajes que nos podemos encontrar son impresionantes, desde el Collado del Llamp, al Barranc de Gulapdar, L’Almassere.

“…Aunque la principal cumbre apenas sobrepasa los 1.100 M., sus paredes se elevan con presuntuosa grandeza dolomítica junto a la costa alcanzando hasta los 600 M. de altura. 

Nuestra visita nos permite afirmar sin lugar a dudas que se trata de una región de enorme potencial para la escalada. La posibilidad de perderse en unas montañas poco conocidas o escalar paredes de hasta 600 M. a unas cimas apenas visitadas, será un atractivo suficiente para la mayoría. Si añadimos el magnífico clima durante el invierno, no cabe duda de que la sierra de Aitana será una de las grandes áreas de escalada del futuro"

De esta forma admirada describían los ingleses Brian Royle y Kim Meldrum su impresión ante las paredes del monte Ponoig tras su primera visita en 1970. Durante la misma, llevaron a cabo la primera apertura de la pared: el Espolón de los Ingleses, preludio de lo que sería más tarde una magnífica zona de escalada con más de 60 grandes itinerarios de dificultad media/alta y un nada despreciable grado de compromiso.

No tardaron en divulgar su descubrimiento dándolo a conocer  en revistas especializadas de su país. Esto es el estímulo para que escaladores valencianos se animaran a visitar estas paredes y como resultado de ello al poco tiempo surgió un atrevido trazado en la pared central: la Vía de los Valencianos, escalada comprometida para la época que, posteriormente ha sido repetida en " Sólo integral" en menos de 50 minutos, exigió durante no pocas repeticiones al menos un vivac y numerosos pasos de artificial. Esta vía también fue el escenario de la primera escalada llevada a cabo en esta pared por una cordada femenina, formada por Marisa Puchades y Amparo Abad en el año 1985.

Siguiendo la tendencia del momento de denominar a las vías según la procedencia de sus aperturistas, tras el Espolón de los Ingleses y la Vía de los Valencianos se inauguran  la Vía Catalunya y la Vía de los Murcianos. Cada una de estas líneas intentaba aportar un mayor grado de dificultad y poco a poco el Ponoig adquirió la aureola de pared de gran compromiso que aún hoy la acompaña.

A finales de la década de los setenta y principios de los ochenta el número de rutas en las paredes del Ponoig creció de forma notable. Generalmente eran vías abiertas por escaladores de Alicante y Murcia. Nombres como Félix Gomez de León, José Matas, Antonio Ros, Manolo Amat o los hermanos García Gallego son sólo algunos de los que escribieron las primeras páginas de escalada en las paredes del Ponoig. 

Tras el furor de las primeras aperturas hubo un gran frenazo en cuanto a nuevas vías y no fue hasta principios de los 90 cuando Jaime Arviza, Emili Perales y Salvador Guerola abren enla pared del Tozal la vía Danza Invisible, convertida en otra gran clásica  y que sirvió de punto de arranque para una nueva etapa en esta pared. Salvador Guerola ha sido también un incansable aperturista al que  de deben gran parte de los originales e interesantes itinerarios abiertos junto a diversos compañeros en estos últimos años (Café Licor, Cometa Hyakutake, Puro Habano, etc...)

Con el tiempo, estas paredes han atraído también a grandes escaladores deportivos como lo demuestra al apertura desde abajo de Las bicicletas son para el verano, llevada a cabo por Pedro Pons, Alfredo Merino, y Jesús García en el 94. Esta via es actualmente la escalada  deportiva en pared más significativa y difícil que podemos encontrar en el macizo del Ponoig.


Ruta nº 1
Esta ruta parte del mismo pueblo, concretamente de la Rinconada de Gabriel Miró. Dejamos atrás el puente, y debajo y hacia la montaña. 

Salimos de la Rinconada y nos dirigimos a la izquierda, hacia Xirles. Atravesamos la Calle de la Era y al final torcemos a la izquierda de nuevo, en dirección a Benimantell y Guadalest. Circulamos alrededor de diez minutos por la carretera comarcal 3313, hasta un cruce: a la izquierda a Benimantell-Guadalest; a la derecha al cementerio, y por el centro, nuestra dirección, Xirles. 

Pisamos asfalto, entre huertos de cítricos y almendros. Dejamos a la derecha y cuesta abajo, pasamos un pequeño puente  y la entrada del restaurante Molí de Xirles. Veremos a esta altura el pilón que indica el km. 1 de la AV- 1702 y al poco un puente más ancho, que supera el Barranco de Xirles, desde donde se ve esta pedanía. 

Si seguimos la carretera, al poco y a la izquierda, hay unas escaleras que se meten en la población. Vamos a parar en la Plaza de las Ánimas . Hay una fuente en este punto. Antes de continuar con la ruta es conveniente visitar Xirles, sus callejuelas estrechas y llenas de encanto; así como las vistas que esta población ofrece. La primera calle que hay al pasar la Plazoleta de las Animas, es la de San Antonio. Subimos por ella ( minuto 28 aprox. ) y giramos a la izquierda por la Calle Alcoy. Seguimos recto hasta el final, cuesta arriba, y dejamos la población dirigiéndonos a la izquierda, ya por un camino de tierra. Hemos de seguir por ésta aunque hay algunos cruces poco conflictivos hasta salir de nuevo a la carretera asfaltada que va a Benimantell-Guadalest.

Desde el final de la Calle Alcoy, por la mencionada pista de tierra, vamos a caminar dejando a la izquierda el Barranco de Xirles, entre huertos y algunas fincas. Hay caminos de menor importancia que descienden al barranco y otros, hacia la derecha, se adentran a huertos y fincas. La tendencia será siempre hacia la zona más montañosa que se levanta frente a nosotros. Al cabo de una hora, desde que salimos de Polop, llegamos al cruce con la carretera comarcal AP 1704. km. 3, que hacia la izquierda lleva a Polop y a la derecha de Benimantell-Guadalest. Hasta este lugar se puede realizar el trayecto en bicicleta de montaña. 

Hemos salido a la altura de un puente-por debajo pasa el Barranco de Xirles- y tenemos dos alternativas: cruzamos la carretera ya ascendemos la ladera por la derecha del puente o seguimos la carretera por la derecha, y tras la curva cogemos una pista. Vamos a parar al mimo lugar, enfocado hacia una estación de bombeo, desde donde descenderemos al barranco para seguir por un senda, la de la izquierda, que cruzará el barranco, lo dejará a la derecha y ascenderá. Este es, sin duda, el tramo más bonito del recorrido. Transita entre pinos, en la umbría y de forma ascendente hasta el final del trayecto. 

Al cabo de unos veinte minutos ( 1 hora y 20 minutos) salimos del sendero a una pista forestal ancha y seguimos ascendiendo. La pendiente es algo inclinada durante unos minutos. Al final de esta pista llegamos a un pequeño collado desde el que se abre el paisaje y nos ofrece una vista formidable: Polop, Sierra Bernia, Peñon de Ifach, etc....Para ampliar la vista podemos subir al peñasco que se levanta a nuestra izquierda. 

Este es el final de la ruta. El regreso se puede realizar por el mismo camino o bien descender por la ladera que hay en dirección a Polop. Hay una senda muy mal marcada, de todas formas no hay pérdida ya que desde el collado se observa todo el valle y es fácil trazar un camino de regreso distinto.

Ruta nº 2
La ruta comienza en la Oficina de Información turística, que hay a la entrada de la población. Giraremos por la primera calle a la izquierda, Carrer Ponoig, al fondo se  puede observar la formación rocosa y un pequeño valle a su izquierda por el que discurre la ruta. 

Subimos por la Avenida del Ponoig hasta el final, en el que nos encontraremos a la derecha con la Calle Elche, que está sin urbanizar. Cruzamos toda la calle hasta que lleguemos a una pista asfaltada en la que tomamos dirección izquierda. Pronto llegamos a un cruce con forma de Y , cogemos el ramal de la derecha, si cogemos el de la izquierda también se llega pero es más largo y más facil confundirse ya que existen numerosos cruces. 

Seguimos por la pista asfaltada hasta un chalet que tiene un arco con teja en la entrada ( 10 m.), la pista deja de estar asfaltada y tenemos a la izquierda níspero y pinos a la derecha, al fondo siempre está el Ponoig. El camino, siempre ascendente, se va haciendo más agreste y ya sólo vemos pinos y arbustos a ambos lados. 

Llegamos a una cruce, la pista sigue a izquierda y derecha pero cogemos un pequeño sendero que se adentre en un terreno abancalado poblado por pinos. El sendero parece desaparecer pero nuestra referencia debe ser siempre el valle que vemos a la izquierda del Ponoig. Llevamos 25 minutos de marcha cuando salimos a una pista que es la que dejamos a la izquierda en el cruce en forma de Y, vemos un cruce y una pista con una cadena flanqueada por dos ruedas de carro, seguimos por esta pista. 

Pronto seguimos por una rambla que sale a la derecha y paralela al camino, vemos grandes bolos de piedra y cómo, poco a poco, la rambla toma forma de U, el sendero está marcado a partir de aquí con puntos rojos. 
La vegetación se hace cada vez más abundante, lo que obliga al sendero a salirse del cauce de la rambla y empezar a discurrir por la margen derecha de la misma ( 40 minutos). Cogemos rapidamente, altura con respecto al cauce. El sendero discurre entre grandes piedras y pinos, paralelo al cauce. 

Seguimos por el sendero, con ayuda de los puntos rojos y subiendo siempre hacia las paredes de la derecha no nos será difícil orientarnos. Llegamos a un refugio de pastores y ovejas " empotrado" en unas grietas a la pared ( 1 hora y 10 minutos). Treinta minutos más tarde  llegamos a un collado a partir del cual, y sin perder altura, seguiremos caminando paralelos a las paredes por los canchales. A nuestra izquierda vemos la pista de Margoch,

Tras cuarenta minutos de marcha ( 2 horas y 20 minutos del comienzo) llegamos a un collado, buscamos un sendero que sale a nuestra derecha y que sigue en dirección al Ponoig, existe un cartel de PR que lo indica y está señalizado con puntos rojos. 

Ya sólo nos quedan 25 minutos hasta la cumbre del Ponoig (1.181 mts), vemos grandes carrascas y arbustos, roca desnuda fuertemente erosionada y podemos contemplar el Peñón de Ifach, Benidorm, El Puig Campana, la Sierra del Cabeço, y del Maigmó, la Sierra Aitana,....

La excursión la podemos terminar acercándonos hasta el final de los morros del Ponoig desde donde disfrutaremos de un preciosa vista aérea de Polop.

El descenso lo podremos realizar por Gulapdar(Ruta 3), por Margoch ( Ruta 2) o bajando por dónde subimos al collado y descendiendo por la vertiente del valle. 


    Todo se empequeñece ante la presencia del Ponoig, soberbio macizo al que Gabriel Miró inmortalizó con el sobrenombre de El león dormido, centinela del valle de Guadalest que ofrece interesantes vías de escalada. Al sur emerge el Puig Campana, a 1.436 metros sobre el nivel del vecino Mediterráneo.
A pesar de las nuevas urbanizaciones que trepan por las faldas del Ponoig, Polop de la Marina no ha perdido sus raíces hortenses ni el espíritu musical, pictórico y literario de los que buscaron refugio en el cerro, como Óscar Esplá, Sagivela, Gabriel Miró, que disfrutó de varios veranos en la Casa de Sigüenza, que se halla en la carretera de Guadalest, y Benjamín Palencia, cuyo taller aún se conserva y sus restos reposan en el camposanto.
«Sobre la tapia, una calavera monda miraba con nosotros hacia Callosa de Ensarriá. Entramos en el cementerio. ¡Pobre Huerto de Cruces sin cruces! Huerto de huesos, de tierra de huesos...»
«Quise coger la calavera de la tapia y darle tierra ¿por última vez? Estaba monda y limpia como un buen verso de Jorge Guillén, como una piedra del lecho de un torrente. Mientras la alcanzaba. Sigüenza había desprendido otra del suelo con su bastón...» (Años y leguas).
Llega a mis manos un cuaderno editado por el Museo Gaya dedicado a Juan Guerrero Ruiz, que fue secretario del Ayuntamiento de Alicante, en calidad de fotógrafo, personaje esencial de una Murcia lejana aunque corta en el tiempo, y recuerdo la exposición titulada «Juan Guerrero Ruiz, álbum fotográfico», donde se mostraron imágenes de él y de sus amigos: Bonafé, Gaya, Antonio Garrigós, Luis Garay, Carmen Conde, Antonio Oliver, Planes, García Lorca, Salinas, Dámaso Alonso, Luis Cernuda, Juan Ramón Jiménez, Andrés Sobejano, Alberti, Unamuno, Gabriel Miró y Gasparo, el enterrador del cementerio de Polop.
El 2 de septiembre de 1928, desde Benidorm, Guerrero llegó a mediodía a Polop con su máquina Kodak de 6 por 9: «Ramón Gaya se quedó en la Venta de Baltasar, y yo fui a casa de Gabriel Miró, donde me esperaban. Apenas enterados de que me había acompañado Ramón, enviaron por él y todos, sentados a su mesa, comimos un cocido murciano. Por la tarde, temprano, subimos al pueblo. Mejor cruzamos el pueblo para subir a su Huerto de Cruces, al cementerio donde se han ido acumulando, siglo tras siglo, todos los vecinos muertos de Polop».
Huele la tarde a miel, a romero y a cantueso. Atrás quedan las murallas del castillo de Al Azrak, las estaciones con cerámicas de colores, los pinos, olivos, cipreses y matorral bajo: lavandas, salvias, adelfas, lágrimas de la virgen, lantanas, piteras moras, mirtos y crespinillos, plantas aromáticas cuyos nombres quedan reflejados al pie de cada arbusto.
La luz va cayendo lentamente, y en el horizonte se dibuja la silueta de un león dormido.
                                          Página del Ayuntamiento de Polop

Ramon Fernández Palmeral. autor




    Continuará…

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