miércoles, 14 de diciembre de 2016

"Tus zonas de éxito" un libro imprescidible de autoayuda. autobiográfico. Ramón Fernández Palmeral



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No es este un libro más de autoayuda, sino una autobiografía personal de éxitos y fracasos. Contiene 100 artículos. Una forma amena de aprender a tener éxito en la vida. La palabra éxito no es sinónima de felicidad ni de tranquilidad. Es un concepto de la sociedad de consumo que creemos que el éxito es poder tener todo lo que se te antoje. Todo en el hombre es mental y relativo según en la sociedad en la que vivas. Por ejemplo para un haitiano, las personas más pobres del mundo, es comer cada día, o tener un techo donde dormir o zapatos. Si lo logra ese día será para él un día exitoso. Para un indio es tener la suerte de que una vaca sagrada entre en tu tienda de verduras y se coma una lechuga. Aprenderás a no cometer errores graves en tus comportamientos sociales. Descubre cuales son tus zonas de éxito.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Fragmento del libro: "Buscando a Antonio Machado en Soria y Baeza" de Ramón Fernández Palmeral












PARTE II

BUSCANDO A ANTONIO MACADHO EN BAEZA


 



  Carta I.
   Alicante,  miércoles, 20 de junio 2007

   Estimado dos Antonio:

    No sé qué me mueve esta vez a escribirle, no lo sé,  más que nada, creo que es el recuerdo nostálgico de nuestra visita a Soria, el año pasado 2006, como recodará usted por el epistolario póstumo que le dediqué, estuvimos buscándole en Soria, con motivo del I Centenario de su llegada a la ciudad chiquita y silvestre como una flor, y la verdad es que, entonces, encontré lo que buscaba. Además tanto el Ayuntamiento como las autoridades soriano-castellanas se han portada bien en este efeméride de su llega a Soria en 1907.
    Ahora, en el verano del 2007, me brota una acuciante necesidad de ponerle al día de cómo están los asuntos machadianos en Baeza, la Biatia de los romanos, donde vino usted a llorar entre 1912 a 1919. ¿Recuerda que usted la llamó: «la ciudad moruna» (CXVIII, v.1, 1913),  o que era «un pueblo húmedo y frío,/ destartalado y sombrío,/ entre andaluz y manchego/. (CXXVIII, mayo 1914),
   La bien atorreada y cercada ciudad de Baeza renacentistas por el arráez  Audallamir de la que habla el más antiguo de los romances fronterizos que es de 1368.  Después de aquella tragedia o catástrofe sentimental  y espiritual de la muerte de su esposa  Leonor al año de casados, usted pidió salir de Soria con toda urgencia, alejarse del recuerdo como si esto fuera posible, solo la oración interior que aconsejaba San Juan de la Cruz, que también vivió aquí, es reconfortante para los espíritus heridos. Evidentemente usted no era religioso, en cambio  su poesía entra dentro de lo lírico-místico, si cabe esta formulación. ¿O es que acaso ese Cántico espiritual entre el alma de Cristo y su esposo, cuando escribe la silva:   «¿Adónde te escondiste,/Amado, y me dexaste con gemido?/ Como el ciervo huiste,/Habiéndome herido./Salí tras ti clamando, y ya eras ido/». Que tiene similitudes machadianas «Huye de la ciudad. ¡El tedio urbano! /–Carne triste y espíritu villano!/ No fue por una trágica amargura /este alma errante desgajada y rota; purga un pecado ajeno: la cordura,/la terrible cordura del idiota» («Un loco».


      Carta II

Viaje  de Alicante a Baeza, 20 de junio 2007

   Estimado don Antonio:

   Salimos mi mujer y escudera Julia Hidalgo y un servidor el 20 de junio desde Alicante, después de comer, por la tarde y por la A-31, hasta Albacete, en Albacete tomamos dirección Balazote, por la N-332; pasamos El Jardín con sus casas bajo la montaña; Robledo, Puerto de los Picos, donde  los pinos verdes espesean. En la gasolinera y estación de servicio de Alcaraz repostamos, pasamos por Puente de Géneve, sobre el río Guadalimar, Gutar hasta llegar  al Santuario de la Fuensanta, ya en Villanueva del Arzobispo e hicimos un alto y una visita al Santuario que estaba abierto. Es del siglo XIII-XIV,  hay unas vidrieras donde podemos ver la imagen de San Juan de la Cruz, que estuvo por estar tierras en el siglo XVI, se dice que dormía  aquí durante sus visitas.
 En Beas de Segura, Santa Teresa de Jesús había fundado un convento, cuya priora fue Ana de Jesús. Tras la fuga de San Juan de la Cruz de su prisión de Toledo y ocultación en casa de Pedro de Toledo, San Juan es nombrado prior de la casa-convento de El  Calvario, antigua ermita con una fuente en medio de la nada, al sur de Beas de Segura,  cerca del Tranco, el sitio se llamaba Cerenzuela.
   En convento de El Calvario, en el año 1577, hacía ahora 430 años, compuso San Juan, esta maravilla lírica y mística:

                con ansias en amores inflamada,
 (¡oh dichosa ventura!)
salí sin ser notada,
              estando ya mi casa sosegada…

    En el Santuario de la Fuensanta pregunté a unos hombres por convento de El Calvario, y me respondió que no existía, de él solamente queda un muro, y además la carretera era estrecha, demasiado estrecha y sinuosa, dirección al Embalse del Tranco.
 A la entrada del Santuario de la Fuensanta podemos ver un cuadro donde se encuentra el Acta de la Coronación de La Virgen  29 de septiembre de 1956, por bula por el Papa Pío XII. También hay un poema del poeta José María Pemán y Pemartín.
    Después de nuestra visita al santuario seguimos la carretera Nacional, pasamos por el desvió a Ifnatoraf, pero no subimos, lo dejé para la vuelta. Se dice que en la Iglesia de Ifnatoraf celebró misas San Juan de la Cruz, y allí en la sacristía se encuentra el cáliz con el que celebró las misas. Por estas tierras de Ifnatoraf estuvo en 1933 el hispanista Gerald Brenan y su mujer Gamel, cuando se estuvo documentando para su libro San Juan de la Cruz, editorial Laia,  1973 en colaboración con su secretaria Lynda Nicholson.
  Muchos años más tarde estuvo el periodista granadino Antonio Ramos Espejo, entrevistando a al matrimonio que vivía cerca del extinto convento de El Calvario.
   Continuamos hacia  Villacarrillo, Torreperegil, Úbeda y Baeza.
  Así de memoria le diré que San Juan vivió por estas tierras jienenses por unos ocho meses, al aire libre con una alimentación exclusiva de pan, verduras y ensaladas, no se les permitía probar frutas. Un novicio confesó haber cogido unas cerezas, y le castigaron severamente. Cuantos más sacrificios hacían más grato era a Dios. Escribe Gerald Brenan en la página 25 de su libro San Juan de la Cruz, que:
   Los hombres de aquel tiempo creían no sólo que las cosas espirituales eran más importantes que las materiales, sino que también las determinaban de un modo directo e inmediato. Por lo tanto, un convento de frailes o de monjas, cuyos ocupantes se pasaban la vida ayunando y orando, era considerado como una especie de central energética que irradiaba sobre todo los alrededores.

   Es decir, una especie de energía espiritual que protegía o exorcizaba a distancia a los habitantes de los lugares contra demonios, desventuras, infortunios, brujas o calamidades.
 San Juan se convirtió en el confesor de las monjas del convento de Beas de Segura, iba los sábados, y el domingo seguía con ellas, se sentaba en una silla alta, que todavía se conserva, y las monjas se arrodillaban a su pie. En junio de 1579 es nombrado rector del colegio carmelita de Baeza, compró una casa y se trasladó con tres frailes. Baeza tenía unas cincuenta mil almas, y Universidad  desde 1538 fundada por Juan de Ávila «Apóstol de Andalucía», para formar a clérigos.



En este periodo hizo dos visitas al convento de los descalzos de Caravaca (Murcia). Dos años y medio estuvo en Baeza, que pasó a Granada como tercer definidor o prior de Los Mártires, en las inmediaciones de la Alhambra los primeros días de 1582. Visitó Segovia, y enfermó en el convento de La Peñuela donde hoy está la localidad de La Carolina. Enfermó San Juan  de fiebres por la inflamación de un pie, acudió al prior de Úbeda fray Francisco Crisóstomo, el enfermo empeoró a pesar de que el cirujano le abrió la herida. Murió el 14 de diciembre de 1591, tenía 49 años. El cadáver se trasladó a Segovia pero se quedó en Úbeda un pie y varios dedos.
 Cervantes hizo referencias indirectas a este suceso, además de que nombró a Baeza en El Quijote  I parte capítulo XIX. Que veremos detalladamente más adelante.





  Carta III
Hotel Baeza, 20 de junio 2007

          Estimado don Antonio

    Llegamos por la tarde a Baeza a eso de la 20 horas, el Hotel Baeza Monumental situado en la calle Cuesta de Prieto nº 6, por la Puerta de Úbeda donde está la escultura en honor a los doscientos ballesteros de la Compañía del Señor de Santiago y el Centro de Interpretación del Renacimiento.  Ya estamos ese Baeza, pobre y señora; / Úbeda, reina y gitana… que usted  cantara peyorativamente en «Viejas canciones». Publicadas en Nuevas Canciones (1917-1930). 
  No conserva Baeza los lugares emblemáticos machadianos, como aquel  Hotel llamado Comercio, donde usted se hospedó a su llegada a mediados se octubre de 1912, no se conserva la rebotica de Adolfo Almazán, en calle San Fernando, donde usted se reuní en aquella tertulia a la que  también asistía Leopoldo Urquía, director del Instituto, y a la que asistían las fuerzas vivas baezanas, según Francisco Escollano, eran: don Florentino Soria, don Mariano Ferrer, don José León, Don Juan Martínez Poyatos, don Emilio Fernández del Rincón, y otros personajes.
    En esta calle San Fernando se encuentra el mercado de Abastos con su arcada renacentista, es un mercado pequeño, que debería ser ampliado, justo al lado  se encuentra la chiquita iglesia de la Concepción, donde en su porche se encuentra un azulejo de la Virgen de Alcázar, patrona de Úbeda. Es que tengo que decirle que Úbeda y Baeza están hermanadas por una  historia común, aunque Baeza, es más antigua.
    
    Baeza  está situada a 48 kilómetros de Jaén, en la Bayyasa musulmana, ya existió como pequeño núcleo romano: Vivatia o Biatia. El señor de Baeza fue Abd Alláh al-Bayas.  En el s. XVI tanto Úbeda como Baeza acogerán a los mejores artistas del momento como Andrés de Vandelvira, Diego de Siloé, Luis de Vega, Juan Bautista Villalpando, Esteban Jamete, Ginés Martínez de Aranda…
   A grandes rasgos la Historia de Baeza la podemos leer en varios portales de Internet, porque no sé si le he dicho que la enciclopedia omnipotente del mundo es Internet, donde está todo lo humanamente posible. Úbeda tiene el eslogan siguiente: Úbeda el Renacimiento al sur.  Las primera referencias escritas de Úbeda o Idubeda se documentan en la ofensiva del rey Alfonso VIII, realizando tanto él, como la orden de Calatrava, frecuentes incursiones por el Alto Guadalquivir, hasta que fueron frenados por la victoria del califa almohade Abu Yusuf Ya'cub en Alarcos en 1195. Las incursiones castellanas en esta región se reiniciaron en 1210 hasta culminar en la batalla de las Navas de Tolosa, 1212 donde fueron derrotados los musulmanes.
  La frase: «Irse por los cerros de Úbeda», ya fue recogida  en Tesoro de la Lengua Castellana, de Covarrubias (1611). Equivale a otras expresiones coloquiales como irse por las ramas o irse por la tangente. Todas ellas significan: divagar, alejarse del tema central de la conversación, disgregar el discurso con argumentos innecesarios o que no guardan relación.

 Pero el verdadero momento dorado  de las dos ciudades hermanas fue sin duda el Renacimiento. Hoy, están  declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 2003. Para conocer y situarse en Baeza nada mejor que el artículo: «Baeza: una ciudad la para Humanidad que se puede leer en el blog «Todo Baeza».
   No es difícil recuperar la memoria de su estancia en Baeza, gracia a los libros de Ian Gibson, sobre tu biografía, Ligero de equipaje. Otros libros hablan de su estancia en Baeza como el de Alberto Puig Palau, de 1967, o de Antonio Chicharro Chamorro de 1992.

Después del reconfortante éxito de su Campos de Castilla en Renacimiento de 1912, y residiendo en Baeza publicó usted: Páginas escogidas, Madrid, Calleja, 1917; Poseías completas, Madrid, Residencia de Estudiantes, 1917; Soledades, Galerías y otros poemas (segunda edición), Madrid-Barcelona, Calpe (Colección Universal, nº 27, 1919.
     Usted lamentó a su llegada a Baeza que  no había ni un solo periódico local, sin embargo el 11 de febrero de 1914, sale el primer número de Idea Nueva. Semanario reformista, dirigido el emprendedor baezano José Cejudo Vargas, nació a los mejores intereses de la ciudad, que solo resistió dos años y medio de vida.  Lamentablemente no se conserva la colección completa, falta números.
      La cuestión es que su estancia en Baeza fue deprimente, como se llama hoy a la tristeza, y usted escribiría a Juan Ramón Jiménez: «Llevo ocho años de destierro y ya me pesa esta vida provinciana en que acaba uno por devorarse así mismo…».
      No hemos de considerar a Baeza como el resultado de sus desdichas,  no era más que el reflejo de aquella sociedad caciquil de primero del siglo XX en  toda España. Una España atrasada contra la que los intelectuales lucha por modernizarla, de aquí nace la idea en los años 20 al 30 de un cambio radical,  de una II República, que no es más ni menos que el resultado del anquilosamiento de la monarquía, de la iglesia y la sociedad de clases, caciquil propia de la época.
     Aprovechando las nuevas tecnologías quiero que este trabajo sea multimedia., es decir, como ampliación suplementaria gracias a  enlaces de Internet. Su Poesía completa se pueden leer en  el portal Wikisource.
    Al final me he permitido hacer una recopilación cronológica de sus años en Baeza. Yo creo que Úbeda y Baeza se podrían llamarse: «Ubadeza», por la fusión de los dos nombres.

        Por ello, aquí en Baeza nuevamente, nos mueve le placer del viaje y de la investigación literaria. Cambiar los Picos de Urbión o Tierras del Alvargonzález por la Sierra de Cazorla, que según usted denominaría «Mariposas de la sierra», , número CXLII, de Poesía Completas, (28 de mayo 1915)
       Recordemos que  usted llegó a Baeza destrozado, no era para menos, el recuerdo de Leonor le perseguía como un fantasma, le obsesiona no sabe muy bien cómo seguir adelante. Es otoño y el invierno debió ser frío:

  Tiene Cazorla nieve,
                                                                  y  Mágina, tormenta.
                       su montera, Azniatín. Hacia Granada,
                     montes con sol, montes de sol y piedra.

(CXXXIX, noviembre de 1913).

   Está usted que se vuelve loco como lo demuestran los poemas creados en los primeros años de Baeza, como en la estrofa: «Es un tarde mustia y desabrida/ de un otoño sin frutos, en la tierra/ estéril y rauda/ donde la sombra de un centauro yerra», en  (Un Loco), publicado en El porvenir castellano, el 27.I.1913. El poema «A un olmo seco» se compuso en Baeza y se publica en el mismo periódico el 20-II-1913. El poema «El dios ibero» en esas explicaciones al Todopoderoso: «Este que insulta a Dios en los altares,/ no más atento al ceño del destino,/ también soñó caminos en los mares…», publicado también en el porvenir en mayo de 1913. El mar representa lo indistinto, donde se sepulta todo lo perpetuo. Otro estremecedor poema  es el CXIX “Señor, ya me arrancaste lo que yo más quería./Oye otra vez, Dios mío, mi corazón clamar».
 Continúa publicando en la revista Lectura y escribe con tristeza persistente a su amigo José María Palacio en Soria, a quien pregunta en un poema:

 Palacio, buen amigo,
¿está la primavera
Viendo y a las ramas de los chopos
del río a y los caminos? En la estepa
del alto Duero, Primavera tarda,
¿pero es tan bella y dulce cuando llega!...
¿Tiene los viejos olmos
algunas hojas nuevas?...  
  (El Porvenir Castellano, 8.V-1916)

Expediente militar de Ceferino Izquierdo Caballero, suegro de Antonio Machado

Expediente militar de Ceferino Izquierdo Caballero, suegro de Antonio Machado, padre de Leonor Izquierdo Cuevas.

Por Ramón Fernández Palmeral.


La vida del poeta sevillano Antonio Machado Ruiz (1875-1939) no sólo nos interesa a los machadianos a través de su obra, sino que también nos es aprovechable la vida de sus familiares directos o afines, amigos y allegados. Todo ello sirve al propósito de ampliar diferentes puntos de vista que nos acerquen a conocer zonas oscuras, dudosas o circunstancias aleatorias que enriquezcan la vida del universal poeta. En este caso, nos acercamos al expediente militar de Ceferino Izquierdo Caballero, suegro de Antonio Machado, cabo de la guardia, según su hoja de servicio facilitada por la Sección Guardia Civil del Archivo General del Ministerio de Interior, de fecha 7 de noviembre 2006, que consta de 6 folios. Ceferino era el padre de Leonor Izquierdo Cuevas, esposa de Antonio Machado, casados en Soria el 30 de julio de 1909 en la iglesia de Santa María la Mayor. Ceferino y Ana Ruiz, la madrina de boda, tuvieron que dar su consentimiento para celebrar el enlace, ya que Leonor tenía tan sólo 15 años, menor de edad, ya que era la edad mínima para poder casarse, siempre bajo consentimiento. Aquí les presento su expediente militar, por cierto, muy movido con múltiples destinos, ascensos, premios por reenganches y también arrestos.
Con este artículo pretendo aclarar documentalmente los datos del padre de Leonor, un soriano, importante personaje que influyó decisivamente en su hija Leonor para que pudiera contraer matrimonio con Antonio, pues le dejó a ella la libre elección de casarse, ya que la diferencia de edad entre ellos era de unos 19 años. A la muerte de Leonor el 1 de agosto de 1912, cuando contaba 18 años, debieron romperse las relaciones familiar por afinidad entre Ceferino y Antonio, porque nada sabemos en cuestión. Posiblemente la instrucción y educación militar que recibió Ceferino, le hacían ser severo con el entorno familiar, de aquí la fama que tuvo de que era «hombre autoritario, de mal genio, que se embriagaba con frecuencia», según Mariano Granados Aguirre (alumno de Antonio Machado), además infundía «cierto pavor».

Ficha1 y Hoja de servicios
Ceferino Izquierdo Caballero nació en Cubo de la Solana2 (Soria) el 24 de agosto de 1870. (Era cinco años mayor que Antonio Machado, quien había nacido en 1875). Hijo de Sinforiano y Jacinta. En la ficha le figura el oficio de fuminasta (que arregla chimeneas y estufas). Tenía una estatura de 1.67 m., pelo de color castaño y ojos del mismo color, acredita saber leer y escribir. Ingresó en el Colegio de Guardias Jóvenes de Valdemoros3 (Madrid) el 20 de octubre de 1885 (a los quince años de edad). Hasta 1912 y como había pocas plazas solamente ingresaban los huérfanos de padre y madre, de padre y o de madre, por lo tanto su padre Sinforiano Izquierdo fue también guardia civil.
Por disposición del Excmo. Sr. Director General del Cuerpo de 3 de octubre tuvo ingreso el 20 de octubre de 1885 en el Colegio de Guardias Jóvenes. El 25 de agosto de 1986 fue filiado y firmó por el tiempo de doce años ante el Jefe del Detall Carlos de Casas y Moles, se le leyeron la leyes penales ante los testigos guardias segundos: Simón Gutiérrez García, Rafael Morales García. Y ese mismo día se presentó ante el Alcalde constitucional de Valdemoros Eloy L. de Lorena. El 12 de octubre de ese mismo año prestó juramento de fidelidad a la bandera. El 18 de enero de 1888 ascendió a distinguido de 3.ª clase por su aplicación y cualidades , el 22 de marzo es ascendido a distinguido a 2.ª clase por antigüedad, el 2 de agosto distinguido de 1.ª clase.
A final de agosto de 1888 fue baja por ser nombrado Guardia 2.º y destinado a la Infantería de la Comandancia de la Guardia Civil de Zamora, forzoso, y con derecho a pasar a la Comandancia de Soria. El 1 de septiembre de 1888, fue alta en la 4.ª compañía de la Comandancia de Zamora (capital), al final de octubre de este mismo mes pasó a la 9.ª compañía de la Comandancia de Soria, al puesto de Noviercas. El 21 de noviembre de 1890, se le leyó el nuevo Código de Justicia Militar. En julio de 1890, pasó al puesto de Arcos (Arcos de Jalón4). El 21 de agosto de este mismo año pasó al puesto de la capital de Soria. En 1892 llevaba seis años de servicio, pasó un reconocimiento médico y firmó el reenganche hasta 1892.
El 4 de julio de 1893, le fue expedido certificado de soltería para contraer matrimonio con Isabel Cuevas Aceves (sic), cuyo matrimonio se celebró el 2 de septiembre del mismo año, posiblemente en Soria, según parte que remitió a la Dirección General del Cuerpo (antes era obligación de los guardias pedir permiso para casarse).
En 1893 fue instruida una causa contra él y sus compañero de pareja Gerónimo (sic) Escudero Garrido, por un caso que no queda explicado en su ficha, pero parece entenderse que tuvieron un altercado en el Barrio de las ¿Casos o Cacas? [Soria], con un tal Juan Molina, el día 29 de mayo ¿...? Pero la causa fue sobreseída, según Decreto del 18 de septiembre. Seguramente, esto produjo la necesidad de un traslado, y el 21 de junio pasó desde el puesto de la capital de Soria al puesto de ¿Ardrachal o Ardachosa (hoy despoblado de la provincia de Soria, perteneciente a Bayubas de Abajo), la ficha no se lee bien este nombre. El 25 de septiembre fue trasladado al puesto de Ágreda. El 10 de abril de 1894, pasó al puesto de Almenar (de Soria), donde nació su hija Leonor el 12 de junio de 1894.
En 1895, y acabado el reenganche, firmó por otros cuatro años más con arreglo a la Ley de 1 de junio de 1877. Se le abonaron 125 pesetas por premio como primera cuota y 475 pesetas como última cuota, al terminar el compromiso, y un plus diario de 25 céntimos de peseta. Hallándose tan tranquilo en el castillo de Almenar de Soria, el 1 de julio de 1898, fue ascendido por elección por el Director General de la Guardia Civil al empleo de Cabo y destinado otra vez al puesto de Ágreda. El 26 de agosto de 1899 firma otro reenganche por tres años este reengache le suponía 100 pesetas más y 325 pesetas la terminar el compromiso en 1902, más un plus de diario de 25 céntimos de peseta.
En 1900, había cumplido los 12 años comprometidos desde día de su nombramiento con guardia 2.º (1888), por lo que se le concedió el 1.º galón de distinción por llevar 12 años de servicios. Figura en la ficha que el año 1900 lo finalizó en el puesto de Monteagudo como comandante de puesto del mismo, debe referirse al castillo de Monteagudo de la Vicaría (Soria), que debió ser, supongo, casa-cuartel como también lo fue el castillo de Almenar. En 1902, vuelve a firmar otro compromiso de cuatro años y nuevo reconocimiento facultativo, se le pagan 125 pesetas de la primera cuota y la 475 al finalizar el compromiso. El año 1902, lo finalizó en el puesto de Monteagudo.
El 31 de mayo de 1903, pasó al puesto de Ciria5 . Se le autoriza a usar la Medalla de Alfonso VIII. El 29 de diciembre de 1903, pasa al puesto de la capital de Soria para cumplir seguramente en los calabozo un arresto de dos meses, donde finalizó el año, por causas que se desconocen. La familia no lo debió pasar muy bien, porque un arresto, indirectamente también lo paga la familia. Cumplido el arresto de los dos meses el 29 de febrero de 1904 pasó destinado al puesto de Gómara6 . En 1906 volvió a pedir un reenganche por de otros cuatro años más. Hallándose en el puesto de Gómara, cansado de tantos destinos y de la dura y sacrificada vida militar de aquellos años, y mala paga, y viendo poco porvenir para sus tres hijos: Leonor de 13 años, Sinforiano, de 10 años (observar que llevaba él con el mismo nombre del abuelo paterno) y Antonia de pocos años, pide la licencia absoluta y se la conceden el 31 de agosto de 1907 (día de San Ramón Nonato). Figura anotada en su ficha y firmada por el 2.º Jefe Accidental, Narciso Hernández Hernández. Llevaba casi 22 años de servicio, le contaba los años del Colegio. Tenía 37 años de edad.
Después de licenciado, la familia Izquierdo/Cuevas se trasladan desde Gómara a Soria y cuando el matrimonio Isidoro Martínez Ruiz y su esposa Regina Cuevas Acebes, hermana de Isabel Cuevas, deciden cerrar la pensión de la calle Collado 54, los Izquierdo abren otra pensión en c/. Estudios, 7, esquina Teatinos a donde también se cambiará Antonio Machado, que se hospedaba en la pensión de Isidoro, y además acababa de llegar en octubre al Instituto de Soria con su cátedra de francés.
No sabemos a qué se dedicó Ceferino Izquierdo, le debió quedar un ridícula pensión, posiblemente se quedará como conserje y recepcionista de su propio negocio; tampoco sabemos en qué fecha falleció. Esto queda para algún investigador audaz que tenga ganas de trabajarse el Registro Civil de Soria.
A Ceferino no le consta en su ficha un ascenso a sargento como se le suele atribuir en los libros consultados, se quedó en cabo, la posibilidad de un ascenso honorífico no es muy probable, teniendo en cuenta que la licencia fue voluntaria. 


Publicado en el libro "Buscando a Antonio Machado en Soria y Baeza". de Ramón Fernández Palmeral en Lulu/Francia. 2007

domingo, 9 de octubre de 2016

Crónicas malditas. Colegio de San José Obrero. Ramón Fernández



NEFASTOS RECUERDOS DEL COLEGIO SAN JOSE OBRERO. Málaga

      Yo tenía diez años cuando mi padre me metió en el colegio San José Obrero, (año 1957) situado en calle Pozos Dulces, en el casco viejo de la ciudad de Málaga, a espaldas de la calle Carretería. No era un internado, era peor,  era un Centro de Formación Profesional, de artes y oficios que dirigía un cura con sotana talar con mucha mala leche llamado el padre Mondéjar, un nombre que no olvidaré jamás. Sin embargo, los demás profesores eran laicos. Empecé estudiando el oficio de mecánico ajustador, luego delineante proyectista, no sé muy bien por qué razón mi padre me mandó allí,  acudían acudía  la peor escoria de cada barrios malagueño.
      El colegio ya no está en  Pozos Dulces, lo trasladaron de aquel  dédalo  de calles estrechas, viejas y angostas, en forma de “z”; muy cerca estaba  la calle de las putas y de la iglesia de nuestro Santísimo Cristo de los Viñedos y un convento de las Catalinas, en cuyos soportales las putas se ponía a sisear a los clientes.   Creo, que hoy en día, este colegio está por la barriada de Carranque, pero de este colegio no tengo ni siquiera la foto recuerdo con el mapa de España detrás de mí, como era de costumbre en la época, fotografiarse en el despacho del director. Un día antes de que viniera el fotógrafos nos decían a todos los niños:  «Mañana  vine el fotógrafo, que vuestra madre os adecente, os lave la cara y os peine las greñas».  Aquella fotografía anual individual a un negocio porque después había que pagarla. La verdad es que el aseo de los demás niños dejaba mucho que desear, pero a mí mi madre me tenía como un sol a pesar de que éramos cinco hermanos.  Yo  era un tarzán y los ratos que no estaba en el colegio, me lo pasaba jugando en la calle, porque en la casa no se cabía, y, por la maña ya  te echaban afuera, a jugar a las bolas, o al trompo. Los maestros no ponían deberes. 
     Mi aula estaba en el último piso y hacía mucho calor, no en vano estábamos en la Costa del Sol, había en la pared un cuadro que siempre me impresionó la de un hombre con un candado que le cerraba la boca, era la señal de que allí dentro no se podía hablar ni con el compañero. En la pared frontal el retrato de Franco y al lado el de José Antonio, había un mapa grande de España. Recuerdo una clase de siderurgia sobre el convertidor Bessemer que consistía en un sistema de producir cantidades mayores de acero refinado que el proceso del crisol, pero que no nunca me enteré cómo funcionaba.
     Son recuerdos de tardes con merienda de un vaso  leche en polvo y queso de bola de los americanos, se ve que cuando los yanquis dieron la ayuda a España estos alimentos entraba en el lote.  Los domingos teníamos misa obligatoria en la iglesia del Corazón de Jesús, a espaldas del colegio. Teníamos una cartilla donde nos ponían un sello de asistencia, y los lunes tocaba enseñar la cartilla y si te faltaba el sello, el propio padre Mondéjar te daba un repaso en el salón de actos con una correa de goma larga, parecida a una correa del ventilar de un coche, hasta que al cura parecía bien, y allí en público, sin contemplaciones, te azotaba por pecador contra los mandamientos de la Santa Madre Iglesia Católica y Romana, por incumplir la obligación de asistir los domingos misa.  Otras veces te azotaban porque ibas sucio o te habías peleado con algún alumno. Una vez que falté a misa, se me ocurrió dibujar el sello para evitar el castigo, es decir, hice una falsificación del sellito, cuando tocó enseñar la cartilla con la asistencia estaba acojonado, me temblaban las manos, sudaba,  y se me salía el corazón por al boca, sin embargo, logré engañar al padre Mondéjar, y como me salió tan bien el engaño decidí hacerme pintor.
      Lo peor que tenía la iglesia del Sagrado Corazón era cuando llegaba Semana Santa, todas las tardes nos pasábamos horas y horas y más horas sentados en los bancos escuchando al cura en el púlpito: «La muerte de Cristo es culpa de nuestros pecados...», y más cosas que no puedo recordar,   en lo que se llamaba ejercicios espirituales, las verdad es que cuando llegaba el Jueves Santo y las Siete Palabras, aquello era morirse de sueño, y que no se te ocurriera tener ganas de orinar, porque levantarte era ya un pecado de atención, algunos alumnos se lo hacían sentados en los bancos. Yo me tuve que orinar una vez en el banco también, era preferible esto que probar la goma. Desde que vi cómo el cura azotó a dos niños delante de mí, porque se habían fugado al río Guadalmedina, le tomé un miedo feroz, era para mí como el demonio vestido de negro.
      En el salón de actos, preparado con escenario de teatro y pantalla de cine, se  proyectaba el NO-DO y una película censurada, religiosa, por supuesto, y al niño angelical Marcelino pan y vino, le habías cogido un odio mortal.  Cuando venía alguna autoridad de visita, camisa azul con chaquetas blancas había que hacer una exhibición simultánea de preguntas (diez o doce alumnos en el escenario y un profesor nos iba peguntando desde el patio de butacas), una especie de demostración  cerebros, sobre los avances tecnológicos y culturales que habían logrado el profesorado con aquellos niños descerebrados y desahuciados de otros colegios, unos días antes nos daban la lección que nos teníamos que aprender de memoria para el día señalado. Una vez, no sé por qué razón me escogieron a mí, y me dijo el maestro que me preguntaría los números primos, cuando llegó la hora yo no me acordaba de nada,  me quedó la mente en blanco, y no dije ni pío a aquellos señores de camisa azul.  Quedé fatal, y humillado para siempre en la mente y en las manos que me las puso moradas, porque, después en clase probé la palmatoria.
    Por las tardes había clases prácticas de mecánica en el taller, por lo general, nos encargaban fabricar una pieza geométrica de un trozo de hierro, lo diseñabas con primero con tiza y agua, y luego le sacabas el poliedro limando horas y horas. Un día que me despisté de vigilar la pieza, un compañero de al lado me echó saliva sobre  la pieza que tenía en el torno, y esto es lo peor para el hierro, luego no se lima. A esta provocación tenía que enfrentarme yo solo, el compañero era  un gordo del Perchel allí no podía medirme con él porque de lo contrario el padre Mondéjar nos aplicaría el látigo de la goma del ventilador para medirnos las espaldas.  Me fui a casa pensando en mi venganza, la cuestión era harto complicada de resolver, si me acobardaba los demás alumnos se iban a envalentonar conmigo y lo peor de todo era que te llamaran «gallina o gallinita». Así que al día siguiente en la calle, en el reñidero,  antes de entra en el colegio, nada más ver al gordo del Perchel me fui contra él como una locomotora y lo tumbé, él se levantó con la sonrisa de «ahora verás» con la excusa del mal pagador, y se vino contra mí, dos veces di contra una pared, sangraba por la nariz, sin embargo, era feliz, porque aquella sangre era el pago para hacerme respetar.
      Hubo un corrillo azuzándonos hasta que nos separaron. Pero me gané el respeto a puñetazos, que eso pasaba casi todos los días en el reñidero, y ya nadie osó en echarme saliva en la pieza de hierro. Cuando llegué a mi casa mi padre no estaba, menos mal, de lo contrario me llevo otra paliza, porque mi padre nunca estaba, mi madre se me limpió  «¿Con quién te has peleado esta vez?», me preguntó.  No recodaba ya cuantas veces me tuve que pelear para sobrevivir en aquella mierda de colegio en el barrio de Carretería. Menos mal que a los dos años mi padre compró una casa en Coronel Osuna y nos fuimos a vivir allí me metió en un colegio de pago el de Don Francisco en la plaza de Humilladeros, aquello sí que era vida, de vez en cuando un reglazo nada más. Y los alumnos eran corderitos comparados con los salvajes del San José Obrero. Por primera vez tuve amigos: Antonio Zorrilla y Paco Sánchez.